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Concejo de Bildeo | Crónicas del municipio imposible

Camín de Nintsures

La conversación pendiente de José Manuel Feito, quien fue cura de Miranda, y Pepe el Ferreiro

De nuestro corresponsal, Falcatrúas

En el habla de Bildeo, “Camín de Nintsures” es como decir “Camino a ninguna parte”, pero nada que ver con la película, “El viaje a ninguna parte”. También es un subterfugio para no dar una mala contestación cuando la gente menuda anda incordiando y queriendo acompañar a alguna persona mayor a donde quiera que se dirija:

–¿Dónde vas, buelito?

–Voy pa Nintsures.

–¿Dónde queda ese sitio?

–Muy lejos, no puedes venir conmigo.

–Llevamos el caballo…

“¡Guajes, agg!, ¡Val más criar gochos que fíos!”, decía aquel bildeano que hizo carrera en Madrid: empezó de carbonero y acabó siendo Defensor del Menor.

Este Camín de Nintsures existe realmente; atraviesa parajes como Veigantel, Murietsas, El Sietso, La Ponte la Veiga, El Cancetsín, Las Pontes, Los Arroxos y Tratsacuendia, antes de llegar a Bildeo, cerca de tres horas a paso de burro. Después se pierde en el monte y si alguien continua por él, lo más fácil es que se lo coma la espesura. Si hace unas décadas era frecuentado por recuas de caballerías cargadas, ahora es un camino abandonado, como tantos, sin bouzar, (desbrozar), las paredes arroxadas (derrumbadas), lo cruzan los espinos, que nacen a un lado y pasan al otro. Hoy día se circula por una carretera alternativa, pero dejar morir un camino de siglos que tanto costó cuidar y pasa por lugares con esos nombres tan peculiares… ¡En fin!

Por él iban dos hombres y el que marchaba delante esperó al otro cuando oyó que venía. Se saludaron:

–¿Nos conocemos? Yo fui muchos años José Naveiras, aunque todos me llamaban Pepe el Ferreiro, de Grandas de Salime, pero ahora que vamos “Camín del Más Allá”, no sé si conservaré el nombre.

–Sí, Pepe, nos conocimos cuando andábamos por ahí, buscando cacharros…Y coincidimos en algún acto cultural, en alguna reunión… Yo era José Manuel Feito, la gente me conocía como Feito, el cura de Miranda.

–Qué fallo el mío, perdona que no te haya reconocido, con la enfermedad se me fue la cabeza, se me olvidaron cosas… Naturalmente, quién no conoce a Feito…

–Amigo Pepe, tanto tú como yo pasamos toda nuestra vida dedicándonos a lo mismo: a recoger cacharros y chatarra, tú bastante más, y a recordar a la gente que no olvide ni desprecie la cultura que nos trajo hasta aquí.

–Muchos no valoran lo que nuestros antepasados nos dejaron… Ahí os queda eso, aprovechadlo. Y precisamente aquellos que no aprecian lo que vale ese patrimonio, son los que deciden conservar o tirar. Ahora declaran que “hay que poner en valor” esto y lo otro, como si no tuviera valor antes de la ocurrencia. Valor ya lo tiene, lo que falta es respeto y cariño por todo ese legado e inteligencia para sacarle provecho.

–Bueno, una cosa que no nos pueden quitar es que los que hacemos cosas por los demás somos más felices porque no nos quedamos con nada, lo damos todo.

–No sé qué te diga, José Manuel, y perdona la expresión, pero jode mucho que te arrebaten la obra de tu vida; que hayas sacado un museo de la nada para que la gente lo disfrute y que los que no ayudaron te prohíban seguir trabajando en ello… A mí me mataron en vida, aunque pusimos Grandas y buena parte del Occidente de Asturias en el mapa.

–Se ve que los ferreiros sois más listos que los curas: uno de los asuntos en los que más empeño puse fue el de rescatar la cerámica negra de Miranda, muy similar a la de Llamas del Mouro. Tú levantaste un museo que ahí está, será difícil que lo cierren, pero la colección de cacharros que rescatamos los chavales de Miranda y yo, escarbando como mineros, quedó olvidada en un convento de Oviedo.

–Ahora ya no podemos hacer nada.

–Ni patalear, como hiciste tú, que te revelaste contra la injusticia.

–No me pude contener, fui a la madriguera de los políticos a llamarlos inútiles…

–Así no se hacen amigos, Pepe.

–Nunca aprendí, supe hacer amigos entre la gente normal, los que se perdían por Grandas cuando nadie pasaba por allí.

–Yo hice amigos entre los políticos, pero eran amigos con reparos.

–Los amigos que tanto reparan no son tales.

–¿Dejaste a alguien encargado de velar por el museo?

–Simplemente sembré, no sé lo que saldrá…

Seguiremos informando.

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