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Francisco Sánchez

Vita brevis

Francisco Sánchez

La vieja Europa

Muchas disposiciones contradictorias se han ido aprobando e imponiendo desde hace un año

Hace ahora más o menos un año que se nos decía que no había que llevar mascarilla, que eso era una cosa para los médicos y que era una tontería que lo lleváramos el común de los mortales. Así nos lo aseguraba muy serio ese señor que sale por la tele en nombre de la sabiduría médica del Gobierno, que se hizo por ello muy famoso y que curiosamente lo puso en ese puesto un ministro del Partido Popular porque era su yerno, y ahí sigue.

La verdad de aquella aseveración nos la dijo él mismo, tiempo después y con la boca pequeña; es que no había mascarillas para todos en el mercado. Pero, una vez pletórico el suministro de ese artilugio, nos obligaron a todos a comprar el chisme y ponerlo a todas horas sin orden ni concierto. Ahora se ve que el mercado está con enormes sobrantes de caretas, porque han publicado una norma para que vayamos cubiertos con ese artefacto siempre y en todo lugar, sea en ambientes cerrados, en la calle, en un descampado, en el monte o en la playa, aunque no haya ni Cristo a nuestro alrededor. Afortunadamente, no pone nada la norma de portar mascarillas en la salita de estar, el dormitorio o el retrete de nuestra propia casa, que tiempo habrá para que lo hagan y la policía nos dé una patada en la puerta para comprobarlo.

Quién hubiera dicho a nuestros lejanos ascendientes que se impusiera la obligación de ir embozados, cuando hasta hubo por estas fechas de hace más de tres siglos un motín por defenderlos, conocido como el motín de Esquilache, que se inicio en la plaza de Antón Martín, en Madrid, y se extendió por toda España. Fue la revuelta popular espontánea contra el bando publicado a instancias del marqués de Esquilache, ministro todopoderoso de Carlos III, en el que se disponía: “Quiero y mando que toda la gente civil, y sus domésticos y criados que no traigan librea de las que se usan, usen precisamente de capa corta…” Se prohibía así el uso de capas largas, para evitar que se embozaran con ellas y, con ello, facilitar el anonimato y poder esconder armas y mejor cometer delitos.

Muchas disposiciones contradictorias se han ido aprobando e imponiendo desde que apareció el bicho chino, y muchas de ellas absurdas. Sería largo y tedioso enumerarlas todas o siquiera una parte de ellas. Piénsenlo un poco y acertarán. En ello seguimos a lo que se ve, que mire cómo andamos en el caos de las vacunas. Y no sólo es cosa de España, aunque aquí lo notemos más porque somos nativos, porque tal parece que es un mal que alcanza a toda la vieja Europa, en donde no cesan de llegar olas del bichejo, de imponerse las correspondientes normas restrictivas de las libertades y de liarse la manta a la cabeza con esta vacuna sí y aquella ya veremos.

Mientras así estamos en el viejo continente, en la cuna del bicho y sus alrededores andan más panchos que Carracuca, pues ya han acabado prácticamente con él. Apenas quedan residuos del bichejo en China y en los países colindantes. Y no son sólo los lugares donde pueblan los amarillos, sino en todo el Extremo Oriente, que también están ya libres de la epidemia en aquellos pocos de por allí en que habitan los blancos, anglosajones y protestantes, como Australia o Nueva Zelanda.

Obviamente, Europa se está quedando vieja y sin ideas. Hubo un día que las potencias europeas dominaron el mundo. Primero, España y Portugal; luego, Inglaterra y Francia, extendieron su imperio y llevaron la civilización a remotos países y lugares. Hasta Alemania y Bélgica tuvieron su porqué en el reparto del mundo. Ahora se ve que cada vez pinta menos este viejo continente con nombre de señora hermosa de la que se enamoró y a la que raptó Júpiter. Su mar Mediterráneo ya no es la cuna de la cultura, que se ha ampliado, y ya no es ni el Atlántico, sino el Pacífico. De allí viene ahora todo, desde cualquier cosa que compremos, que nos la traen en barco, si no se atasca en el canal de Suez, hasta pandemias, pero también su erradicación. A ver si aprendemos.

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