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Saúl Fernández

Crítica / Teatro

Saúl Fernández

Mitología cotidiana

La tragedia de Yago Lamela escrita por Julio Béjar acongoja en el Niemeyer

Yago Lamela es un héroe griego. Aquiles por ejemplo. El mejor de todos los guerreros, pero con kriptonita en el talón; el que se dio un baño de inmortalidad y murió en las playas de Troya asaetado y como si nada. Lamela dio un salto estratosférico en Maebashi, en Japón, un 7 de marzo de 1999. Tocó entonces el cielo con las manos de un brinco que se alargó por 8,56 metros descomunales. Fue en un duelo legendario contra Iván Pedroso. Quince años después, murió. El período que va de aquel día en que voló hasta el último de los suyos (el 8 de mayo de 2014) es el que centra “8,56. Inspirado en un salto de Yago Lamela”, una tragedia escrita y dirigida por Julio Béjar que se estrenó antes de anoche en el auditorio del Centro Niemeyer después de dos aplazamientos como consecuencia de la pandemia (por el confinamiento duro y por uno de los cierres perimetrales que vivió el concejo de Avilés estos meses atrás).

Hubo aplausos, pero poco entusiasmo. Yago Lamela forma parte del presente de Avilés. Del presente muy presente. Era joven cuando murió (36). Había sido el atleta simpar de Asturias, el mejor saltador de España y, por una decena de años, el mejor de Europa. Lamela está tan cerca que causa congoja recordarle tan cerca. “8,56. Inspirado en un salto de Yago Lamela” se verá mejor cuando el tiempo y la distancia sean más tiempo y más distancia. Porque si no, a uno le parecen lugares comunes la periodista sanguinaria, el entrenador que no le sigue, el político como un monigote e Iván Pedroso, en video, como sin corazón. “8,56” es una tragedia porque Lamela sigue vivo incluso en los que no siguen el deporte. El final, el gran salto, detiene el corazón de los espectadores. Y se notó. El personal tardó en arrancarse.

Béjar, eso sí, trabajó duro en la composición de un personaje central que emparenta la epopeya y el teatro documento. “8,56” no es un biopic, pero hubiera podido serlo un poco más. Federico Ortiz compone físicamente un Yago Lamela imponente. La apariencia heroica que busca Béjar, sólo la roza. Y es una lástima. La historia es poderosa: la caída de un héroe grande, la flecha en las playas de Troya. Mucho antes del incendio.

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