Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El relato de la Guerra Civil en la comarca

Reflexiones ante la próxima exhumación de la fosa republicana del Palomo

La historia de la guerra civil española no puede desligarse de una violencia política en ambas retaguardias. Motivaciones y mecanismos las diferencian, pero ambas violencias poseen vasos comunicantes y no pocas veces métodos similares.

En la comarca avilesina, como en el resto de la zona republicana, esa violencia tuvo su máxima incidencia en el verano de 1936, al calor del golpe de Estado y del inicio de una guerra civil donde los poderes del Estado se desintegraron y fueron sustituidos por poderes locales que ejercieron durante meses un poder autónomo.

El golpe de Estado del 18 de julio fue rápidamente controlado en Avilés, una ciudad muy dividida sobre todo después de los sucesos de octubre de 1934 y la posterior represión contra los huelguistas. Una muestra de esa división son los resultados de las elecciones de febrero de 1936 con un empate técnico entre el bloque de la derecha y de la izquierda.

Desde el mismo momento que llega la noticia oficial del levantamiento militar, el alcalde de la gestora municipal de Avilés, el republicano Higinio Sierra, reúne a todos los partidos que forman el Frente Popular y también a los sindicatos anarquistas y socialistas. La tarea es parar el golpe y detener a aquellos que puedan verse implicados en él. Este comité llega a un acuerdo sobre los presos, a quienes separaría en tres grupos, unos serían puestos en libertad, otros quedarían como rehenes hasta la toma de Oviedo y los últimos serían enviados al frente a labores de fortificación.

Ya en agosto de 1936 la discusión dentro del Comité de Guerra de Avilés es tensa, hay varias opiniones sobre qué hacer con los presos políticos que llevaban casi un mes en la cárcel de Avilés, situada donde los actuales juzgados. Y es ahí donde se toma la fatal decisión de fusilar a los más significativos, se acuerdan y se pactan los lugares: el Cayés, en el frente de Lugones, el Palomo en Gozón y el cementerio de Ceares en Gijón. También se acuerda que los fusilamientos se harían a altas horas de la madrugada.

El 29 de agosto de 1936 se produce el fusilamiento en el Monte Palomo. Es una “saca” de unos 18 hombres, todos miembros de la derecha local, de Falange y entre ellos, un cura. En el fusilamiento del Palomo algo sale mal para los verdugos, varios presos se escapan, algunos consiguieron esconderse durante toda la Guerra. Se suceden escenas muy duras, como el caso de Enrique Granda, que huyó herido y durante varios días estuvo vagando por los montes de la zona, después volvió a casa, pero fue otra vez detenido y esta vez fusilado en Gijón.

Las cifras sobre la represión republicana en la comarca suman unas 120 personas, la mayor parte de ellas eran de Avilés. Esta represión queda ampliamente documentada tanto en los juicios sumarísimos que se hicieron a los republicanos como en los registros civiles y en la Causa General, que documenta con testimonios los lugares de fusilamiento. Los franquistas, desde su entrada en la ciudad el 21 de octubre de 1937, aplicaron una política reparadora con estas víctimas, hubo exhumaciones. Por ejemplo, algunos de los cuerpos del Palomo fueron recuperados y llevados al cementerio de La Carriona; otros, al ser incinerados, jamás se pudieron recuperar. Sus nombres, con el de otros fusilados, fueron grabados en el mausoleo de La Carriona, construido expresamente para honrar a las víctimas de la represión republicana.

La fosa del Palomo ha sido una de las siete fosas comunes elegidas para una futura exhumación por parte del Ministerio de Presidencia y de la Dirección de Memoria del Principado. Los datos que aportan las fuentes nos hablan claramente de una fosa utilizada por los republicanos y no de una fosa franquista. Es necesario que se estudie ese lugar, dado que quizás haya algún cadáver sin exhumar, aunque sea poco probable y menos aún que se trate de algún republicano. Pero sobre todo porque no podemos obviar la represión republicana si queremos construir un relato objetivo y fiable sobre la Guerra civil en nuestra comarca. Lo que está claro es que si este Ministerio quería buscar una fosa común que albergase personas represaliadas por el franquismo tenía otras opciones más certeras.

Compartir el artículo

stats