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Celebración madridista

El encuentro del final de la Liga de la cortesía más allá de lamentaciones o quejas por la mala suerte

Un reducido, pero muy fiel, grupo de aficionados madridistas (del Real Madrid) decidimos reunirnos para dar cuenta de un pantagruélico banquete: 48 platos en un conocido y muy afamado local hostelero de la Villa, para celebrar por vez primera que no tenemos nada que celebrar. Podría parecer un sinsentido, pero en realidad es una novedad para nosotros.

Durante la comilona se recomienda a los asistentes no hablar de política, religión, sexo, ni con la boca llena. Solo al final del acto, esto es, con las copas que cierren el almuerzo, estará permitido hablar mal o muy mal del Barça, un recurso quizá manido pero muy eficaz.

Este año, la Liga de la cortesía, que al parecer nadie quería ganar hasta el último suspiro, se la han llevado nuestros vecinos. “Felisitasiones”, que diría nuestro añorado chamaco Hugo Sánchez, que lo cortés es nuestro santo y seña y a educados no nos gana nadie.

Ahora toca fijar fecha, hora y forma de pago para la farturona. Ya tenemos chef, local y los 48 platos. A saber: plato de entremeses, plato sopero, plato de carne y plato de postre. O sea, cuatro platos por comensal, por doce comensales… las cuentas claritas, que hay mucho mal pensado en este mundo nuestro.

Pasaremos de discursos, de críticas, de lamentaciones o de hablar de mala suerte. Nos centraremos solamente en lo que de verdad importa: el condumio. Y siempre con la moderación que se exige y se le supone al grupo de educados concurrentes. Se podría pedir moderación en el beber, pero la advertencia sobra entre tan selecto personal. Tampoco habrá cánticos. Es delicado en el momento que estamos pasando y corremos el riesgo de que la gente que pase en esos momentos por la calle se pare a aplaudir.

Hemos vivido una Liga que nadie quería ganar. Barça, Real, Sevilla y Atleti se la jugaban cada domingo: tú primero, por favor. No, tú, que a mí me da la risa. Faltaría más, es que yo ya tengo muchas. Pero sin duda quien se lo tomó más en serio fue el ganador, al que los rivales directos (haciendo trampa) reforzaron. El Barça con Luis Suárez y el Real con Marcos Llorente, decisivos en la consecución del título. Ante todo, cortesía.

Y el año próximo estrenamos estadio, qué pasada, y entrenador, qué sorpresa. Así que toca pensar en la próxima fartura (perdón) y en qué trofeo nos llevaremos.

Como me gusta la brevedad, un saludo cordial, y el año que viene, un año mayores.

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