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Juan García

Retrógrados y populistas

La necesidad de recuperar el nivel de agudeza, ingenio, capacidad, conocimiento y educación de quienes nos precedieron

¿Es acaso –y en sentido figurado– desandar los pasos ya recorridos, una cuestión retrograda? A la vista de cómo está España y la desorientación que está tomando en los últimos tiempos, mi respuesta sería un rotundo “no”. Mucho más cuando hablamos de política y la no adecuada aplicación y evolución de la diversa normativa, leyes y demás pormenores que desde la muerte de Franco y la instauración de la democracia venimos gozando y en otros casos padeciendo, los españoles.

Comentando desde un punto de vista coloquial, de diario, pretendidamente exento de todo tinte demagógico –aunque pudiera parecer lo contrario– reflexionaré en adelante, reclamando una explicación suficientemente razonada, que estuviera al alcance del común de los mortales, carente de circunloquios y habituales divagaciones, que no hacen otra cosa que pretender confundir.

Así, entonces, me pregunto: ¿no son acaso manifiestas muchas injusticias de variada índole, cometidas con ciudadanos y comunidades autónomas? ¿Son plenamente democráticos los decretos-ley? ¿Porqué consentimos que nos mientan con esa impunidad a la que parece han tomado como bandera? ¿La ley, es igual para todos? Reparen por un momento en que, cuanto más sencilla, simple y directa es una pregunta, más le tacharán sus interlocutores –los políticos en este caso– de demagogo y populista. Y si no, compruébenlo.

Pero sigamos. ¿Existe –como en la judicatura, supuestamente, por ejemplo– entre los políticos, un tremendo e inexplicable corporativismo que hace taparse entre ellos sus miserias cuando saltan a la luz? Si la respuesta a ésta fuera afirmativa, cosa altamente probable, no sé qué hacemos aquí; usted leyendo esto y yo escribiéndolo. Esto no tiene ningún sentido. Pero como estamos acostumbrados a continuar ante adversidades, sigamos –pues– un poco más. Tanto derechas como izquierdas, han denunciado “anomalías democráticas” en varias ocasiones y situaciones del acontecer político español de cada día. Por parte de alguno de los bloques mencionados, ¿tienen uestedes constancia de que lo hubieran denunciado en algún juzgado, que es donde se hacen estas cosas? Pero la gran pregunta es: ¿y por qué no lo han hecho? ¿Se acuerdan del corporativismo? Pues eso. Pero seguramente a estas alturas, para algunos, seguiremos siendo ustedes y yo unos demagogos y populistas.

Sí que me pregunto también últimamente, cómo después de soportar tanta humillación, desfachatez, mentira, injusticia, desprecio, todavía permanecemos pacientes y esperanzados en algo que seguramente nunca llegará, sin haber salido a la calle y expresar según con qué tipo de acto, nuestra mayor repulsa y condena.

Por eso decía al principio que no me parece en absoluto, que desandar los pasos recorridos y rectificar si fuera necesario, sea cuestión retrograda –ni mucho menos– si no que aprender de nuestro pasado y de nuestros mayores ha de ser una máxima a tener en cuenta en nuestras vidas.

Hemos de recuperar y exigir a nuestra clase política en general –entre otras cosas– el tono y nivel de agudeza, ingenio, capacidad, conocimiento, educación, atención a nuestra gramática española, preparación, allá donde lleven su voz, como el que todas nuestras mujeres y hombres lucieron en escenarios oficiales allá donde nos representaron in illo tempore.

En otro orden de cosas y para finalizar, aviso a navegantes. Con esto de los principios de igualdad y al estar jubilado, me fijo que últimamente se ven muchas obras y “plumas de obra” por Avilés y alrededores. Me acerco hasta ellas y me llama poderosamente la atención que no he contado ni una sola mujer entre la mano de obra obrera, en ninguna de ellas. ¡No hay derecho!

Y ya saben. Sin absolutamente nada que ver con lo anterior, sigo interesadísimo en saber los nombres de los autores de las “cartas con bala”. Por eso ahora pido, que se reabra el caso. Y ustedes pónganse a buen cobijo de demagogos, populistas y mentirosos, porque haberlos, haylos.

Por cierto: “He llegado a la conclusión de que la política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos”. Dixit, Charles de Gaulle.

¡Que la Santina de Covadonga nos guarde y bendiga!

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