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La columna del lector

Carta a Cris

Hace un año que te fuiste, levantaste el vuelo con tu luz de luciérnaga y nos dejaste en tinieblas. Desde entonces solo el brillo de este lucero que es nuestro nieto Erik ha sido capaz de ir alumbrándonos un poco la vida.

Él nos dice que sigue viéndote todos los días. Cuando cumplió los seis añitos sopló dos veces las velas, una él solo y la segunda, contigo, con su Illa, que estabas a su lado, como siempre, solo que ahora tienes dos alitas.

Fuiste la madre, esposa y abuela que todos soñamos, la mejor, por eso se nos hace tan difícil el día a día sin ti.

Todos los pésames que recibimos tenían un denominador común: nunca olvidarían tu eterna sonrisa, tu alegría y tu elegancia. Dejaste una huella indeleble en todos los que te conocieron.

Para tus hijos, tu nieto y para mí será imposible olvidarte, porque vivirá eternamente entre nosotros la permanente presencia de tu ausencia.

Hasta siempre mi amor.

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