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Marisol Delgado

Mente sana

Marisol Delgado

Mujeres sobremedicadas

El malestar que se oculta con fármacos

Te quejas porque te sientes cansada y desganada desde que te levantas hasta que te acuestas. Pues no hay problema, marchando una de antidepresivos.

Notas casi cada día opresión en el pecho y dolor de estómago, de cabeza o de espalda por la tensión acumulada. Una ración de ansiolíticos y listo.

Pasas las noches en vela dándole vueltas a que no te da la vida para todo lo que tienes que hacer. Con unos cuantos miligramos de cualquier hipnótico lo arreglas. Y si no se te pasa y sigues fastidiada, no te preocupes que tendrás a tu disposición algún neuroléptico.

No, no intento aquí demonizar estos fármacos. Hay casos en los que, sin lugar a dudas, son necesarios. Pero, según el último informe de la Junta de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), somos el país que más ansiolíticos consume de una lista de 85 naciones a nivel mundial. En el resto de psicofármacos no estamos los primeros, pero casi. Es para hacérnoslo mirar…

Ser mujer aumenta además la probabilidad de ser medicada. Dice Carme Valls, médica especialista en endocrinología, que “ante cualquier demanda, por dolor o por cualquier tipo de malestar, que presente una mujer al sistema sanitario, es más probable que reciba un psicofármaco que si fuera un varón. De hecho, en España, el 85% de los psicofármacos se administran a mujeres”

El informe SESPAS 2020 de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria lo confirma. A igualdad de diagnóstico o sintomatología, a las mujeres se les prescribe una benzodiacepina o un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina entre dos y tres veces más. Así, siendo sobremedicadas, se silencia su malestar, ese malestar sin nombre que la psicóloga Betty Friedan supo reflejar de forma clara y certera en su ensayo “La mística de la feminidad”.

¡Es el patriarcado, amigos! Es la visión androcéntrica que promueve la escasez en investigaciones acerca de cómo afectan algunas enfermedades a las mujeres y que no favorece el conocimiento de cómo los fármacos son metabolizados de forma distinta en su organismo. Es el sesgo de género que lleva a considerar gran parte de las molestias de las mujeres como alteraciones mentales. La etiqueta de histéricas que nos persigue toda la vida. Desde Freud hasta hoy en día se pretende hacer creer a las mujeres que el problema lo tienen ellas y solo está en su cabeza.

La ansiedad, sin ir más lejos, se ha ido convirtiendo en un verdadero cajón de sastre en el que se colocan muchos de sus malestares, dándose incluso casos de mujeres infartando o desangrándose en su interior con una trompa de Falopio reventada, que son enviadas de vuelta a sus casas con un diagnóstico de dolor inespecífico y con la puñetera ansiedad como etiqueta añadida.

En conclusión, señoras y señores (en Murcia por esto igual me pondrían una multa), quizá vendría bien dejar de medicar la vida y dejar de dopar las emociones de las mujeres. Mejor indagar en las causas psicosociales que las generan, entendiendo de una vez por todas que la segregación del mercado laboral, la menor presencia en espacios de decisiones, las situaciones de violencia y las dobles y triples jornadas no se curan simplemente con pastillas.

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