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Antes que una fiesta, un compromiso

Sobre la declaración de la Semana Santa avilesina como una celebración de interés turístico nacional

En plena Cuaresma nos estamos preparando un año más para vivir la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Nuestra villa, lleva cientos de años celebrando estas efemérides, antaño a través de cofradías gremiales, posteriormente a través de hermandades penitenciales pero dentro de los templos, y desde el año 1947 hasta ahora por medio de las cofradías que conocemos actualmente. Destacar que las procesiones del martes, del miércoles con el Santo Encuentro, y el Viernes con el Santo Entierro, vienen celebrándose de manera ininterrumpida desde el siglo XVII.

Sin duda, estamos ante la Semana Santa más antigua y más importante de Asturias, y me atrevo a decir una de las más relevantes del Norte peninsular.

No ha sido un camino fácil, al revés, nos han puesto muchas piedras en el camino, y más que piedras, nos han tirado cristales rotos, nos han dejado vehículos en calles por donde salíamos procesionando y muchos han preferido durante mucho tiempo mirar para otro lado, mientras unos pocos vivíamos intensamente con recogimiento y fe la Semana Santa.

Fueron unos avilesinos jóvenes, los que al abrigo de la Acción Católica y con el apoyo del párroco inconmensurable de entonces, don José Maria Loredo, los que sacaron allá por el año 1947 las imágenes de los templos, y mediante capuchones decidieron salir a la calle para darle más solemnidad, empuje y orden a lo que ya existía. En este caso se lanzaron bajo la advocación del apóstol amado, del predilecto, del que nunca abandonó a su maestro, San Juan, y también a través del Maestro directamente, Jesusín de Galiana, sólo que la cofradía de Jesús de Galiana tardaría un año más en salir a la calle. Importante destacar la procesión nueva que crearon de la tercera palabra, a imagen del Vía Crucis penitencial de la noche.

Vaya mi recuerdo emocionado a Armando Benítez, Olivares, Cedrón, Antonio María o Richard por citar a unos pocos. Ellos son los verdaderos héroes de nuestra Semana Santa, a ellos les debemos lo que somos hoy en día, y jamás pueden caer en el olvido.

Los años han ido cayendo hoja tras hoja del calendario desde aquel año de “gloria” que llamamos los San Juaninos, y en estos 75 años transcurridos desde entonces la Semana Santa Avilesina ha ido creciendo y potenciándose, tanto con nuevas hermandades como con nuevos actos, así como con más cofrades en las ya existentes.

Todo ello nos ha llevado a los que formamos la Semana Santa Avilesina a declarar a la misma como Fiesta de Interés Turístico Regional, cosa que aplaudimos de manera efusiva en su momento, y ahora, año 2022, se quiere promocionar para pasar a ser Fiesta de Interés Turístico Nacional, cosa que nos emociona a todos los cofrades. Pero ello no nos puede borrar de la mente el fin de la Semana Santa, la verdadera meta de la misma, que no es otra que, como cristianos, revivamos la Pasión de Jesucristo. Sinceramente, a mí y creo que a muchos cofrades, eso de llamar a la Semana Santa “fiesta” no nos gusta. No es una fiesta, es algo más transcendental a una fiesta o a un folclore. La fiesta en Avilés empieza con el repicar de campanas el domingo de Resurrección porque Cristo ha resucitado y es ahí donde comienzan nuestras entrañables y queridas también fiestas de El Bollo.

Hay muchos que, por desgracia, ven a la Semana Santa como un folclore más, porque queda bien el salir descalzos para demostrar qué “hombrecito” somos, o queda bien ir con el traje por la calle para que vean cómo soy cofrade de aquí o de allá. Sin embargo, ¿dónde están esos mismos el resto del año? ¿Dónde están en las iglesias? La Semana Santa es culminar un año litúrgico, con lo que el resto del año muchos seguimos siendo cofrades con actividades de apoyo y aliento a la Iglesia, que es la que verdaderamente sustenta la Semana Santa. Por tanto, apoyo a la Semana Santa local. Sí, declararla fiesta también, pero no olvidemos de dónde venimos y a dónde tenemos que dirigirnos. De lo contrario, otras localidades asturianas que se sumaron al “carro de Avilés” pasados los años, pueden restar el protagonismo que nosotros merecemos.

Desde Avilés no se debe ahondar en el espectáculo, sino que, desde mi punto de vista como cofrade de varias hermandades locales, debemos profundizar en la religiosidad, al igual que hicieron aquellos fundadores en el año 1947. Si así no lo hiciéramos, nos lamentaremos pasados los años.

No podemos ser “ultras” de una determinada cofradía, creo que lo importante es ser “ultra” de la fe, es ser ultra de Jesucristo y de su madre. Si de verdad lo somos, la Semana Santa no perderá su esencia.

Dejemos las fiestas para los políticos que piden tales festividades, pero los que estamos dentro lancémonos a potenciar lo que los fundadores de la misma nos legaron.

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