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Mariví Monteserín

Mariví Monteserín

Alcaldesa de Avilés

Un gran jefe de Protocolo

En la despedida a un hombre bueno, cariñoso, leal cuya ejemplar dedicación causa consternación al otro lado del océano

La historia de la democracia avilesina cuenta con nombres propios que han desempeñado un importante papel en la transformación de nuestra ciudad coincidiendo con los cambios sociales vinculados a la transición democrática. Cambios que exigieron el compromiso de unas nuevas administraciones públicas, así como la iniciativa de la sociedad civil. Uno de esos nombres propios fue el de Nacho Martínez.

Nacho, en aquellos primeros años de la democracia, era un joven inquieto que participó en primera línea de las ansias de transformación que vivía nuestra sociedad. Convirtió su pasión por la música en la expresión de un país que volvía a construirse a sí mismo desde la impronta ciudadana.

Formó varios grupos y probó suerte en la movida madrileña. Pero Nacho vivía con mucha pasión Avilés y pronto volvería a su ciudad. Lo hizo implicándose y participando de forma activa en toda aquella actividad que contribuyera a la modernización y dinamismo de la ciudad. Fue uno de los pioneros del Antroxu avilesino y participó en la fundación de "Sabugo Tente Firme", donde conoció a su querida Fica, que desde entonces le acompañó toda la vida. Avilés tuvo la suerte de que Nacho obtuviera la plaza de Regente Municipal del Ayuntamiento de Avilés y de que el alcalde Manuel Ponga supiera aventurar en la impronta diaria de Nacho la que sería su gran vocación profesional otorgándole la condición de Jefe de Protocolo del Ayuntamiento de Avilés. Una profesión que asumió hasta su jubilación con ejemplar dedicación convirtiéndose en muy pocos años en uno de los mayores expertos de nuestro país, e impartiendo cursos en España y en varios países de Iberoamérica.

Su profesionalidad y actitud hizo fraguar un cariño especial hacia él a todo aquel que tenía la dicha de colaborar con el gran jefe de Protocolo que fue, como por ejemplo las ciudades hermanadas con Avilés y, especialmente, San Agustín de la Florida, ciudad de la que recibió un cariñoso recuerdo con motivo de su jubilación.

Nacho ha sido un excelente profesional, se implicó con plenitud en una profesión que muy pronto convirtió en su pasión y de la que fue un referente. Pero, por encima de todo, fue un hombre bueno, cariñoso, leal y comprometido con la gente que le rodeaba.

Desde que su esposa Fica me comunicó su fallecimiento, conviven en mí una gran tristeza por su partida y, como alcaldesa, la satisfacción por el hecho de que Nacho haya sido el jefe de Protocolo del Ayuntamiento de Avilés.

Su fallecimiento es una gran pérdida para nuestra ciudad, pero no sólo será llorado y añorado en Avilés: también al otro lado del océano. Gracias por tanto Nacho. Te queremos.

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