Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Luis M Alonso

Nacho esta vez no avisó

Dispuesto en el trabajo, divertido con los suyos; muchos le buscaban para disfrutar de su compañía, riendo con sus ocurrencias

Ignacio Martínez me tenía al tanto puntualmente de lo que sucedía en Avilés. Esta vez no avisó. La inesperada noticia de su muerte llegó de otros para los que también era un ser entrañable y querido, pocas horas antes de que se produjera en medio del dolor, la más absoluta discreción y un silencio devastador. Él, por lo que me cuentan, la esperó, siguiendo el más estricto protocolo de un tránsito imprevisto, tosiendo y suspirando, como sucede con algo que sobreviene sin que te hagas del todo la idea de ello. Se tata de esa delgada muerte que planea antes de que nos entierren, cuando crees haber posado los pies en una nueva vida.

Nacho se había jubilado hace apenas un par de meses después de 40 años en el Ayuntamiento de Avilés, donde su figura y trabajo como servidor público se hicieron poco menos que imprescindibles por sus conocimientos y diligencia cuando, además de las funciones de regente, pasó a encargarse del protocolo municipal. Pionero en Asturias y estudioso de las reglas de formalidad que rigen actos y ceremonias oficiales, sobre las que acabaría impartiendo docencia, no se le escapaba un solo detalle. Los miembros de las distintas corporaciones con las que coincidió a lo largo de su dilatada carrera acudían a él para asesorarse en materia de cortesía y, cuando no era así, él mismo se aprestaba a rendir su valioso servicio a la Casa con tal de mantener bien alto el pabellón institucional avilesino. Los periodistas lo llamábamos para cualquier tipo de consulta; en lo suyo era el oráculo. Siempre solícito.

Los amigos lo buscábamos para pasar en su compañía ratos inteligentes y divertidos, riéndonos con sus ocurrencias y aguda visión de la jugada. Nunca fallaba, siempre estaba ahí para cualquier cosa, un favor o unas risas. Nacho Martínez fue una persona muy especial y para los que lo conocimos de cerca aún mucho más. La última vez que hablé por teléfono con él a propósito de un amigo común, hará de esto unos pocos meses, quedamos para volver a vernos. A veces cuando la distancia, aunque sea corta, traza su línea, suele ocurrir que llegas tarde a los reencuentros. Pero en el recuerdo, permanecerán todos los momentos pasados juntos. A Fica, con la que llevaba casado desde los 21, y a Nachín, su hijo, mi más sentido pésame por la enorme perdida.

Compartir el artículo

stats