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Carmen Nuevo

Todas las calles dan a tu sonrisa

Sobre la poeta Rita Turza, sus versos y el contemplar del mar Cantábrico

Querida Rita, creo que a ambas nos gusta que nos hayamos conocido antes, a través de nuestros versos que en persona, porque ambas habitamos antes que en nada, en las palabras; esas que riman, que son refugio frente a las intemperies, y que, en tu caso, suenan a disparos modulados en versos auténticos, breves y certeros. Rita Turza es una gran poeta de La Rioja afincada en Santander y autora de "Náufragos" y "La piel del otro", de la que puedo decir, además, que el mar Cantábrico nos unió una tarde algo gris y plagada de estelas sobre la bahía de Santander, mientras un barca nos trasladaba de orilla a orilla entre sonoras carcajadas.

Pero ¿por qué hablo de estas cosas cuando pretendo hablar de tu poesía? Porque la poesía cuando es auténtica como la tuya, sencillamente, no puede separarse de la vida, de los surcos sobre las aguas agitadas de nuestras experiencias.

Y qué suerte hemos tenido de compartir contigo ese tiempo que se detiene, porque como bien sabes y tú misma dices: "…todas las calles/terminan en mar,/o sin salida". Así que yo te digo, optemos siempre por el mar y por esas miradas que leyéndote regresan de la deriva, porque el amor, ese que tú describes, arde en llamas entre las pequeñas cosas, para descubrir los saltos en el tiempo y reconocernos de regreso en los espejos. Incluso transitando por las metrópolis, esas que tan bien dibujas con baldosas amarillas, la supervivencia recobra exhausta el oxígeno, porque magistralmente logras transmitir fascinación y asombro, a pesar de retratar también la dureza y de cuándo es necesario amputar para seguir viviendo y prescindir de la "gente tóxica", a la que aludes en uno de tus poemas.

Pero volvamos una y otra vez a la vida y a aquella terraza en Santander, en la que ambas departimos de arte y poesía con Bonnie Bardowski y, entre tanto, ahora, estoy con tus libros y dibujos soñando y viéndote bailar como una náufraga o una niña curiosa que contando hasta diez sacia su sed bebiendo de los ríos de los crepúsculos incendiados, de los inviernos solitarios y las habitaciones vacías.

Querida Rita, abramos todas la ventanas para contemplar este mar Cantábrico que nos une, y no olvidar jamás que nuestra esencia consiste en ser pájaros incandescentes y, contradiciendo tus versos, regresar porque no se ha hecho tarde, porque todas, todas la calles dan a la belleza de tus versos y a tu sonrisa.

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