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José López Antuña

El rincón de la ley

José López Antuña

Experto en Derecho del Trabajo

El teletrabajo: una quimera

La revisión de esta modalidad laboral que, según los estudios, incrementa la productividad

Estudios confirman que el teletrabajo aumenta la satisfacción de los trabajadores y, por ende, incrementa la productividad (un promedio de un 13%) debido, sobre todo, al menor número de días de baja por enfermedad y al entorno laboral más relajado; asegura la retención de los trabajadores, reduce la rotación laboral, refuerza su compromiso con la organización y mejora el rendimiento de las personas.

Con la Ley 10/2021, de trabajo a distancia el Gobierno pretendía avanzar en el cumplimiento de la meta 8.5 de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, es decir, lograr el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todas las mujeres y los hombres, incluidos los jóvenes y las personas con discapacidad, así como la igualdad de remuneración por trabajo de igual valor; y de las metas 8.4 y 11.6 de la Agenda 2030, relativas a la mejora progresiva de la producción y el consumo eficientes, procurando desvincular el crecimiento económico de la degradación del medio ambiente; y a la reducción del impacto ambiental negativo per cápita de ciudad. Sin embargo, por el momento, dichas pretensiones se han quedado en una quimera: el 90 % de los asalariados va todos los días a su empleo, 1 de cada 2 de los que teletrabajan sólo lo hace esporádicamente; la idea, acertada, era que el teletrabajo se consolidara como una figura fuerte en las relaciones laborales, pero no es así.

Ahora el gobierno vuelve a recomendar el teletrabajo como medida para el ahorro energético aunque las empresas deberían cubrir los gastos y queda por comprobar si estas medidas estimularán a las empresas, sobre todo, y a los trabajadores a pactar el teletrabajo (ya que es voluntario y reversible), pues no hay que olvidar que también hay trabajadores que valoran más las desventajas (cuesta desconectarse, separar la vida personal de la profesional, confinamiento disfrazado ...); aunque las ventajas son relevantes (ahorro de tiempo, económico y energético, concentrar y racionalizar los horarios, ahorrar desplazamientos y consumo en los edificios, etcétera). En 2020 con la pandemia el 16,2% de los ocupados teletrabajaban más de la mitad de los días de la semana, con el fin de la pandemia se esperaba que se redujera pero no tanto: en el primer trimestre del 2022 a más de la mitad (7,5%) y no se están soportando los gastos (calefacción, equipo informático, conexión, fungibles, etc) aunque la empresa está obligada si el teletrabajo supone más del 30% del tiempo de trabajo pero las empresas para esquivar el pago entonces limitan el tiempo ya que desincentiva porque le cuesta menos concentrar a todos los trabajadores en un edificio que cubrir los gastos individuales y el factor calor humano también se suma.

Evidentemente hay trabajos que requieren de presencialidad pero en los digitales no se teletrabaja por la cultura "silla caliente" y el tejido productivo ya que en las empresas pequeñas –el 80% de menos de 10 trabajadores– ninguno. El presentismo a distancia no es teletrabajo ni encargar para el domicilio el trabajo de la oficina; requiere esfuerzo, planificación, organización y ofrecer nuevas formas de conciliar y flexibilizar.

La productividad representa un problema laboral y económico dentro de nuestra cultura ya que se entiende como los trabajadores calentando la silla y cuando salga el jefe salen todos; en vez de planificación, fijar los objetivos y el sistema qué se quiere conseguir y cómo y qué se le va a pedir a cada empleado; autonomía y confianza mutua lo que incrementaría la producción combinando control de la productividad con flexibilidad.

Según el CIS los trabajadores han calificado con nota alta el teletrabajo, un 8,6, por tanto lo prefieren pero con flexibilidad y pago de costes asociado al ahorro energético para las empresas, que no lo soporten los trabajadores.

Además, el 49% de las extras no se abona por el teletrabajo que ha vulnerado el derecho a desconexión, la digitalización también provoca que aumenten estas horas, no sólo presenciales.

En consecuencia, el teletrabajo necesita una revisión, readaptación y un perfeccionamiento; así como la cultura organizacional, implementando a la generación millennial y Z de la digitalización conceptos como innovación, flexibilidad, autonomía, confianza mutua, etcétera.

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