Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | Crítica / Teatro

Bob Pop es Sherezade

Rufus Wainwright estuvo en el Niemeyer. E Isabel Coixet. Y con ellos, Bob Pop. Fue en 2011, cuando la dirección del centro estaba en malas manos. Pero esto no es lo importante. La importancia aquí la puso el escritor que representó antes de anoche "Los días ajenos" en el auditorio del Niemeyer. Y emocionó. Y conmovió. E hizo reír. Y pensar. Y uno disfrutó de su colección de soliloquios como el sultán de Sherezade: de su sabiduría de contar cuentos. El de Wainwright, la Coixet y él tienen que ver con las charlas de "The New York Times" y también con Avilés: con sidra, gintónics. "Y una despedida de solteros de enanos". Pero, ya digo, eso es lo de menos. Lo de más es escuchar el relato del hombre que se oculta, que crece, que se detiene y que vuelve a elevar el vuelo; al hombre que agarra el corazón de quienes le escuchan la historia del Retiro y la de la cercanía de la muerte. Y también ese final como esa carrera de relevos contra la esclerosis múltiple. Y su amor por su "maridito", por quienes le rodean. "Los días ajenos" es una comedia contada y un drama a la vuelta de la esquina: autoficción de la buena, verdad representada. "Siento una zozobra resignada y triste, el destino más secreto e inexorable de mi vida", que escribió Cesare Pavese antes de envenenarse con somníferos.

Teatro y metafísica

Bob Pop es Sherezade / Saúl Fernández

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents