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Opinión | Crítica / Teatro

Avilés

Los esclavos y los fieles

El Niemeyer programa para unos pocos una función como un panfleto con forma de teatro

Lope de Vega es aquel que declaró alto y claro: "Y escribo por el arte que inventaron / los que el vulgar aplauso pretendieron, / porque, como las paga el vulgo, es justo / hablarle en necio para darle gusto". Y se me vino a la cabeza el Fénix de los Ingenios mientras, antes de anoche, en un Niemeyer desangelado, trataba de convencerme de que "Depois do silêncio" me estaba interesando.

No lo logré.

Pero no por no sentirme "vulgo". No. Tampoco fue porque el espectáculo fuera en portugués –el Niemeyer ha programado en búlgaro, en inglés y hasta hubo un "Kijote Kathakali" supermolón–. No. La cosa, ya digo, era incapacidad para meterme en el panfleto que Jatahy propone para las tablas avilesinas. Porque más que teatro, fue panfleto. Vamos a contar la represión histórica de los negros en Brasil. "Histórica" porque viene de siglos, porque fue mayor que la de los Estados Unidos –diez veces más esclavos recalaron en las costas brasileñas que en Norteamérica: lo dicen en la función–. Los panfletos y yo, señora, somos así: incompatibles.

El teatro, desde que se inventó, va de procurar despertar las llamas mortecinas de los interiores de las almas perdidas. Y lo hace a través de la palabra, del intercambio de la palabra, concretamente. Unos dicen, otros dicen. Y entre tanto decir se alcanza un clímax que, si la obra es buena, se convierte en catarsis aristotélica.

No pasó este miércoles. Y no sucedió porque Jatahy decidió rendir las formas teatrales al "mensaje" de su panfleto: nadie conversa, pero todos cuentan. Y de cuando en cuando, la escena se va a una película. Y hay música y unos efectos sonoros extraordinarios. Pero todo esto no se hace para el público. Jatahy no quiere público, quiere fieles, parroquianos, pero este miércoles –normal– no fueron demasiados. Tan pocos que no fue necesario encender las farolas de la plaza y es que el personal se marchó para casa entre las sombras. A palpo.

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