Opinión | Crítica / Música
La locomotora del Fifty-Fifty
Los hermanos Vistel desgranan en el último concierto del festival su "Fiesta en el Batey"
Y con ellos llego la locomotora para cerrar el festival de jazz Fifty-Fifty, y tanto teniendo en cuenta las dificultades de vuelos y temporales. Tras el impresionante concierto del sábado de Theo Croker que no dejo indiferente a nadie, ni siquiera al mismo Carlos Boyero y que a buen seguro hubiera llenado otra Casa de Cultura por el interés que suscitó su propuesta en Avilés.
La satisfacción en los rostros de los organizadores se veía el domingo en Factoría Cultural, con la sensación del trabajo bien hecho tanto por Yvan Corbat, como por los hermanos Sergio y Gonzalo Suárez y Fon Martínez. Dispuestos a disfrutar, ya con tranquilidad, de un final de escándalo del sexteto ampliado a una más de la familia: la bailarina Adriana Vistel, residente en Lugones.
Y en este ambiente familiar, con bebé incluido, y en una abarrotada sala, los hermanos Vistel desgranaron lo que ha sido su último disco "Fiesta en el Batey". Aclarando que son de Santiago de Cuba y que beben de la raíz franco-haitiana en homenaje al gran ballet Santiaguero folclórico Cutumba y con una acústica de sala club que permitió discernir entre los distintos instrumentos, con dos percusionistas y un batería; contemplando desde atrás el omnipresente bajista Reinier Elizarde, apodado "El Negrón", con esa estampa a lo Ron Carter y que hacía doblete en el festival.
Un comienzo a cargo de los hermanos Vistel con "Puerta del Ángel", seguida de "Fiesta en el Batey" y las percusiones como protagonistas para pasar a la moderna "Free" que es como se sintió Maikel al salir de confinamiento en la última fase de todas…Con "Todos" llegó el protagonismo del Negrón.
Y la sorpresa de la noche, la familia es la familia, la bailarina cubana Adriana Vistel, inundó la sala con sus bailes con el tema "Infinito" y la trompeta de Jorge, en homenaje esta vez a los grandes soneros: Compay Segundo, Trio Matamoros… En la recta final "My dreams" el propio Michael agradecía una vez más al festival, que, siendo pequeño, a veces se hace grande. Un cierre que gana en esta tercera edición en coherencia, versatilidad y conexión entre artistas, poetas, películas y eso marca la diferencia de otros festivales que son un batiburrillo de conciertos sin continuidad.
Como bis final de los finales, una interpretación de la conocida "Quizás, quizás". Para la cuarta edición tal vez el espacio sala-club ya se quede pequeña para el alto nivel de las bandas y músicos que nos están acostumbrando los organizadores.
Larga vida al Fifty-Fifty.
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