Opinión | balcón al muelle

La mejor decisión

Prepararse para competir durante los períodos de cambio requiere de entrenamiento pero también la seguridad de actuar frente a lo inesperado

Decidir es exponerse a la crítica feroz de los que no se atreven a tomar las decisiones difíciles aunque sean correctas, o de los que resultan aparentemente perjudicados; y nadie, en un entorno contaminado, donde la tónica habitual es intentar sobrevivir, se atreve a actuar de forma peligrosa para sus intereses.

La mejor decisión

La mejor decisión / Covadonga Jiménez

La aluminosis, conocida en el mundo de la construcción por tratarse de una lesión que afecta al hormigón y que altera sus propiedades, tiene traslación en el mundo de las organizaciones empresariales. En un contexto de aluminosis organizativa existe una corrosión de cuestiones inherentes al funcionamiento cotidiano como con la consecución de objetivos, el entusiasmo por el trabajo (proceso) para obtener los objetivos (resultado) y las sinergias y proactividades que habrían de existir en una organización sana.

Y luego están los tóxicos, que son los grandes depredadores de la confianza en una organización. Son quienes siembran dudas envenenadas. O quienes corroen relaciones. Crean malentendidos. Se apropian de lo compartido. Liderar un equipo es intentar mantenerlo como un espacio de confianza y sin toxicidad.

La confianza en una organización, sea del tipo que sea, es también una manera de aprender de los errores ajenos y no repetirlos; es una manera de aprender de los éxitos de otros para repetirlos en la situación apropiada; y, sobre todo, es una manera de entender por qué suceden cosas que mejoran la empresa en el futuro.

La confianza se refiere a poseer un sentido interno y realista de nuestras capacidades (y las del equipo). Confiar en uno mismo y en sus capacidades es crucial para gestionar los retos emocionales y alcanzar objetivos en la vida.

Cuando hay confianza, las personas dan un paso al frente de manera voluntaria y trabajan de forma óptima, conjunta y eficiente. Adoptan un propósito común, asumen riesgos, piensan de forma creativa, se ayudan mutuamente, y se comunican de manera abierta y sincera. Cuando no la hay, las personas compiten por los puestos, acaparan la información, no asumen riesgos y hablan de los demás, en vez de con ellos.

En todos los equipos, la confianza se crea y se destruye. Está en el ADN de las relaciones humanas. Y esa confianza es un valor especialmente vulnerable durante los periodos de cambio. Estar preparado para los escenarios no planeados también requiere de entrenamiento previo. Si bien hay circunstancias que no se pueden anticipar, prepararse para estar en condiciones óptimas de competir proporciona seguridad frente a lo inesperado.

Por la experiencia del tiempo, a Avilés le ha faltado confianza en diferentes etapas de su historia reciente. Tener experiencia en algo es importante pero no suficiente, pues aun teniendo una buena preparación se presentan imponderables. Para sortearlos resulta fundamental rodearse de personas con talento, base y origen, de nuevo, de la confianza. No lo olviden.

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