Opinión | Crítica / Teatro

La heroica ciudad y los sapos

"Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone". Esta es la razón número 14 de Italo Calvino para leer a los clásicos. Y donde pongo "leer" también vale "representar". Antes de anoche, el auditorio del Centro Niemeyer se llenó hasta la bandera para asistir a la representación que de "La Regenta" habían propuesto Eduardo Galán, como escritor y productor, y Helena Pimenta, como directora. Está claro que el mayor libro de Leopoldo Alas, "Clarín", sigue siendo "ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone".

El montaje de "La Regenta" –el libro que tengo en casa tiene 790 páginas– se centra en las peripecias de Ana Ozores, de Quintanar, de Álvaro Mesía y Fermín de Pas, pero no olvida la idea central de la novela: la ciudad provinciana como fuente de "realidades alternativas" de "fake news" o, simplemente, de las mentiras de la "heroica ciudad". Porque de eso va la novela.

Lo mejor de la versión fue la incorporación de varios narradores que hacen avanzar de manera natural la fábula hacia el desprecio último que, antes de anoche, sin embargo, dejó desconcertado al personal (tardó en ponerse a aplaudir). Lo mismo fue porque Galán limita el final a sólo un empujón y se olvida del beso de Celedonio que sabía como un sapo.

El espectáculo tiene un montaje sencillo y bien funcional, de José Tomé y Marcos Carazo, que lo mismo sirve para el campo de duelo que como palacio de Quintanar. Y ese vestuario decimonónico diseñado por Yaiza Pinillos.

Los aplausos, sí, al final, fueron para todo el elenco: de esos largos y tan poco usuales en estos tiempos de ahorro y espectáculo. Joaquín Notario, como Quintanar, fue superlativo. O Francesc Galcerán, como el buenazo de Frígilis... Álex Gadea y Jacobo Dicenta se encargan de dar vida a los dos personajes masculinos más antipáticos. Para Ana Ozores –que es Ana Ruiz– y para el resto. Sobresalió, aunque con un papel secundario, el avilesino Alejandro Arestegui.

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