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Opinión

Cambiar de puerto

Autosabotajes en los anuncios de inversiones

Un reciente estudio atribuía al sistema portuario español un impacto económico global de 24.304 millones de euros y 250.000 empleos, de manera que, por cada euro de valor añadido del sector portuario, la economía recibe 2,3 euros adicionales. Y por cada empleo del sector portuario se generan tres adicionales.

Casi como atribuyéndose el éxito de un sistema que destaca por su eficiencia y rápido crecimiento, el ministro de Transportes, Óscar Puente, anunciaba esta semana más de 130 millones de euros en inversiones en los puertos de interés general de Asturias desde 2025 hasta 2029: en concreto, 72,8 millones de euros para el puerto de Avilés, y 60,6 millones más para el de Gijón.

El ministro experto en Derecho y máster en Dirección Política que rompió los ‘puentes’ con Asturias a cuenta del peaje del Huerna y los trenes tal parece haber cambiado de puerto para imputarse los éxitos de un organismo que, si bien pertenece a la Administración del Estado y sus inversiones figuran en los Presupuestos Generales del Estado, eso no quiere decir que el dinero que reciben, técnicamente, sea del Estado. Los 72,8 millones de euros que Puente señala como inversiones para el Puerto de Avilés hasta 2029 tienen que ver, en su mayor parte, con la capacidad de esta Autoridad Portuaria para afrontar con fondos propios las intervenciones correspondientes, bien por los ingresos que recibe a través de los servicios que presta o a través de fondos europeos.

Pero la sorpresa en torno al anuncio del ministro fue más allá, pues avanzó 7.000 millones de euros de inversiones para el sistema portuario español. O España es un megapuerto, o navega con fondos propios. La falta de Presupuestos Generales del Estado llevó al propio Puente a matizar sobre la marcha ese anuncio asegurando que estas inversiones se financiarán «con los propios recursos del sistema portuario». Vamos, allá cada uno cómo organiza su casa. En esto de los puertos alguien parece haberse embarcado como tripulante en el barco equivocado.

Un aviso para navegantes en época de planificación de cuentas y avances de inversiones: los autosabotajes no hacen más que perder la credibilidad en la gestión de quien los realiza (en el ámbito municipal, o en el que corresponda). No es cuestión de poner palos en las ruedas permanentemente, pero tampoco conviene mirar para otro lado cuando se detectan irregularidades o incorrecciones.

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