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Bytes, neuronas y almas

Usos de la tecnología digital desfavorables

Paulatinamente vamos conociendo los planes de empleo de varias compañías conocidas, algunas con fuerte implantación en Asturias, en los que se explica que en muchos procesos la tecnología irá sustituyendo la presencia humana. Nada nuevo, llevamos años comprando viajes y entradas para teatros sin acudir a una taquilla de venta. Es decir, nosotros mismos inducimos esta transformación porque obtenemos un beneficio concreto con ello; en este caso ganamos tiempo y evitamos desplazarnos a esa taquilla.

Hay, no obstante, usos de la tecnología digital que tienen otros efectos menos beneficiosos, como el uso de las redes sociales como vehículo para impulsar opiniones y despertar emociones, utilizando, en no pocas ocasiones, plataformas automatizadas.

Estamos ante un cambio social de enormes proporciones, un cambio que se producirá de manera incremental y en un plazo corto, afectando a todos los sectores de producción y de servicios, pero también a aquellas funciones que pensábamos que dependían exclusivamente de la capacidad intelectual y artística de las personas.

No es difícil construir un relato apoyándose en herramientas de inteligencia artificial, una tentación ante la que no tengo intención de claudicar. La creatividad y el instinto de supervivencia nos ha traído a la especie humana hasta aquí; son las mismas herramientas con las que tenemos que afrontar la nueva revolución industrial y el consiguiente cambio social. Los bytes han sustituido ya muchas funciones que antes estaban condicionadas al orden y capacidad de nuestras neuronas, a las que se añadía el componente intangible de nuestras emociones, eso que decíamos hacer poniendo el alma en ello.

Ante las grandes transformaciones caben siempre dos opciones, esconderse debajo de la alfombra y dejar que pase el tren del cambio, o subirse al tren y tratar de orientar su destino como deseamos. Yo me apunto a esta segunda opción, pero urge que quienes tienen la responsabilidad de poner los raíles para que el tren circule, lo hagan en forma de gobernanza digital, garantía de derechos digitales, en forma de democracia y transparencia de la economía digital, incluyendo la protección de nuestra identidad y nuestras funciones neuronales avanzadas.

Sin eso, los bytes sustituirán no sólo las neuronas, también condicionarán nuestro propio intangible. Sin eso, los avances en neurociencias, por ejemplo, en lugar de ayudarnos a tratar enfermedades, representarán un riesgo de pérdida de control de nuestro pensamiento y de nuestras emociones.

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