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Ceila Fernández

Las escuelinas y la situación de sus técnicas de educación

En Avilés, cada mañana, cuando la ciudad aún duerme, las Técnicas en Educación Infantil ya están en sus escuelinas encendiendo luces, preparando espacios y recibiendo a bebés que todavía no hablan pero que ya reconocen sus brazos como un lugar seguro. Son las primeras en oír un lloro, en calmar un miedo o en acompañar un primer paso. Y, sin embargo, demasiadas veces son las últimas en ser escuchadas cuando reclaman algo tan básico como respeto profesional y estabilidad.

Las Técnicas en Educación Infantil (TEIs) sostienen silenciosamente una parte esencial del sistema público de cuidados y educación. Su trabajo cotidiano –emocionalmente exigente y pedagógicamente imprescindible– es clave para garantizar la calidad en las escuelas de 0 a 3 años. Pero esa importancia contrasta con una realidad profesional marcada por la falta de reconocimiento, la precariedad y una visibilidad insuficiente.

Cargan con una responsabilidad inmensa: convertir la escuela en un entorno seguro, cálido y estructurado. Y esa responsabilidad pesa cuando no se acompaña de estabilidad laboral, categorías adecuadas o condiciones dignas. El compromiso individual de estas profesionales no puede seguir siendo el salvavidas de un sistema que, demasiadas veces, funciona a costa de su resistencia personal.

Detrás de su dedicación hay una realidad preocupante: las bajas tardan demasiado en cubrirse. Cuando una técnica coge la baja, no se sustituye de inmediato. A veces pasan días; otras veces, semanas. No porque no haya necesidad –la hay y urgente–, sino porque la maquinaria administrativa sigue funcionando con lentitud. Bolsas agotadas, trámites interminables, autorizaciones en cadena y una evidente falta de previsión. Mientras tanto, ¿quién sostiene a las criaturas? ¿Quién sostiene a las profesionales? Ellas mismas. Una y otra vez.

El resultado es evidente: ratios tensionadas, jornadas que se vuelven irrespirables y una carga física y emocional que ningún manual contempla. En lugar de trabajar con condiciones adecuadas, las técnicas se ven obligadas a "sacar adelante" el servicio como si fuera un ejercicio diario de supervivencia. Y todo mientras se les exige cuidar, estimular y educar a niños en la etapa más delicada de su desarrollo. Es imposible conciliar esa expectativa con la falta de medios: la realidad se parchea, no se soluciona.

El Ayuntamiento de Avilés tiene la responsabilidad de situar a estas profesionales en el lugar que merecen. Las TEIs son figuras imprescindibles en la atención diaria, en la creación de vínculos seguros y en el acompañamiento del desarrollo de los menores. Su labor es esencial, pero está infravalorada y, en demasiadas ocasiones, invisibilizada.

Las reivindicaciones del colectivo no son extraordinarias: estabilidad laboral, reconocimiento profesional, actualización de categorías y mejora de condiciones salariales. Son demandas razonables y coherentes con el valor social que aportan. Sin estabilidad no hay proyectos educativos sólidos. Sin reconocimiento se perpetúa la idea errónea de que el trabajo en la primera infancia es únicamente "vocacional". Sin condiciones dignas aumenta la rotación, el desgaste emocional y se resiente la calidad del servicio, con impacto directo en las familias.

La próxima integración de las escuelinas en la red autonómica del Principado podría ser una oportunidad, pero hasta ahora solo escuchamos compromisos genéricos. Nada cambiará sin decisiones políticas claras y medidas concretas: las bajas deben cubrirse de inmediato, sin excusas ni burocracia paralizante. No puede recaer siempre la responsabilidad sobre las mismas profesionales, que ya trabajan al límite.

Cuando existe voluntad política, los ayuntamientos se convierten en motores de dignificación profesional. No se trata solo de atender a un colectivo laboral, sino de apostar por un modelo de ciudad que cuide la infancia como pilar fundamental del bienestar social. Avilés presume de ser Ciudad Amiga de la Infancia: es momento de demostrarlo con hechos y no solo con declaraciones.

Reconocer a las TEIs es reconocer que la infancia es un asunto prioritario. Las profesionales de 0–3 no están pidiendo favores; están exigiendo derechos básicos. Que se cubran las bajas. Que se respete su profesión. Que la calidad educativa no dependa de la buena voluntad de quienes ya están exhaustas.

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