Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Un relato de terror en Arnao

Sucesos extraños en lugares familiares

La sensación de miedo se incrementa cuando los sucesos extraños ocurren en lugares familiares. Una tarde de este mes de noviembre, un vecino de unos sesenta años me relató algo inexplicable que le había sucedido tiempo atrás.

Todo comenzó con una recomendación: la de permanecer alejados del pinar. Pepe tenía solo ocho años cuando desapareció y cuarenta años después apareció de nuevo sin recordar absolutamente nada. Sus padres ya habían muerto y cuando regresó reconoció a María, una de sus compañeras de juegos, cuarenta años más vieja. Lo único que recordaba, me repite, fue que debíamos permanecer alejados del pinar…

Era una tarde soleada, tras la clases y la merienda corrimos por las bicicletas para darnos un baño en la playa. Éramos cuatro y estábamos muy contentos de que ya quedasen pocos días para que finalizasen las clases.

Cuando regresábamos del baño, se nos acercó un anciano con una pala rascadora de establo. No lo conocíamos, pero pensamos que viviría cerca. Con una voz bastante débil, nos advirtió que debíamos permanecer lejos, muy lejos del pinar. Nos hizo mucha gracia su voz y su sombrero de paja. Nos parecía un espantapájaros venido a menos. No le prestamos ninguna atención y volvimos a las bicicletas como si nada.

Es más, yo pedí a mis amigos que antes de volver a casa nos diésemos un paseo con las bicicletas por el pinar.

Desde luego, yo no tenía ningún miedo; pero nadie me acompañó, pues sin darnos cuenta ya estaba anocheciendo. Llamé a mis amigos cobardes y les dije que más tarde regresaría a casa. El caso es que no regresé hasta cuarenta años después, continuó Pepe, diciéndome con la voz entrecortada.

Parece que a partir de las diez de la noche mis padres comenzaron a preocuparse y llamaron a las casas de todos mis amigos.

Todos dijeron lo mismo, que la última vez que me habían visto había sido adentrándome en el pinar, a pesar de que un campesino, que nadie conocía, nos había dicho que no lo hiciéramos.

A partir de las doce de la noche, intervino la policía y la información que recabaron fue la misma.

Los días transcurrieron, pero yo seguía sin aparecer, para mi familia fue una auténtica tortura, según me han contado. Pasaron días, meses y años, y un día regresé de nuevo a Arnao sin recordar nada. Entonces llamaron a la policía y uno, de forma profesional, al verme dijo que debía comenzar por efectuar algunas llamadas.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents