Opinión
félix lobato
Vamos a contar mentiras
Un servicio en estado comatoso
….pero para que la verdad acabe por imponerse ella sola. He de confesarles que todos los meses juego con ventaja en esta especie de ‘buddy movie’ que protagonizamos Juan y yo en nuestra colaboración en LA NUEVA ESPAÑA. Juego con ventaja porque mi compañero es mucho más aplicado que yo y siempre se me adelanta en tener lista su colaboración y me la comparte antes que me ponga yo con la mía. Por tanto, siempre me da pie y también ideas.
No tengo disculpa para esconderme en el síndrome del folio en blanco. Pues efectivamente, la sanidad, nuestra sanidad pasa por un momento preocupante. Me atrevo a decir que desde que se transfirieron competencias a las comunidades autónomos y desapareció el Insalud, la sanidad de todos ha ido mermando lamentablemente. Por eso les digo lo de vamos a contar mentiras, porque a fuerza de repetir una mentira: "Tenemos la mejor sanidad pública del mundo" parece que pretenda ser convertida en verdad o, al menos, se muere de éxito con ello y, lo que es peor, no se hace ningún esfuerzo para revivirla.
Juan, lo que denuncias, es el síntoma en el ámbito de la sanidad pública, del mal que tiene enferma a la Administración Pública en general. Está sumida en un estado comatoso de ineficiencia y absoluto desprecio respecto del interés común y bien general. Tenemos una Administración Pública que es una mole que se mueve lenta y de manera costosa (y aquí me refiero a todo lo que nos cuestas a los españoles semejante leviatán). La gestión desde la cabecera política hasta los propios técnicos es lamentable, no cansándome una vez más de exigirles. Basta con hacer un símil entre Administración y ámbito privado. En el ámbito privado se estaría ya prescindiendo de altos cargos, por incompetencia y amortizando puestos de trabajo y condenando a población activa a la defenestración laboral. Pero la Administración es barra libre, incompetencia, falta de rigor, estipendio y, finalmente, irresponsabilidad.
Asistimos en la actualidad a la delimitación de responsabilidades por lo acontecido en Valencia hace un año, ya era hora que el político supiera que su cargo no es sólo figurar, gastos de representación y llenar el bolso con sueldos y dietas. El político ha de tener claro que es responsable de aquello para lo que es elegido y de lo que va a gestionar, porque cada españolito de a pie responde en su trabajo de sus meteduras de pata. No sé a dónde conducirá toda la instrucción judicial del caso, pero si al final hay una condena basada en no haber cumplido con sus responsabilidades, las cuales van implícitas en ser presidente de una comunidad autónoma o presidente del gobierno central, ministro o consejera de lo que sea, estaremos asistiendo a un ejercicio de justicia, decencia y, disculpen que me repita, de responsabilidad.
No quiero olvidarme este mes de las consideraciones hacia Asturias del Sr. Puente, ejemplo del modelo de político que sufrimos. El sectarismo y el tu más es insultante. Pero además como ciudadano me siento insultado por gente así que cree que somos masa borreguil que funciona con arenga y con continuas maniobras de dividir. Ante un problema grave para nosotros como es el peaje del Huerna, este individuo rebuzna, no es comprensivo, no pone a su gente a trabajar para tratar de encontrar soluciones, que a lo mejor no las hay, pero no nos insulte con su desprecio y una especie de "Asturianos, tenéis los que os merecéis porque Álvarez-Cascos salió presidente en su momento". Lastimoso y repugnante. Me da igual que tuviera la culpa quien la tuviera, Sr. Ministro, tiene usted a ciudadanos de su país con un problema y como servidor público y hacedor del bien común debe respetar nuestra preocupación y pensar soluciones, que ojalá puedan ser a cortísimo plazo pero si no es así alguna planificación al respecto que solvente de alguna forma el problema o lo alivie. Pero no, total como se estudió las hemerotecas para echarle la culpa a otro color político, pues listo y aquí ajo, agua y resina. Tiene todo mi desprecio y si nos visita, que lo note.
Acabo con un poco de optimismo. Si recuerdan, en mi colaboración del mes pasado me despachaba a gusto por el lamentable fin de obras en el "intercambiador modal de transporte" (me suena a homónimo de ovni o halcón milenario), pues hay que ser justos y decirles que este mes tengo que felicitar por el fin de las obras, está todo rematado y parece que finalizado. Por supuesto que no caeré en la presuntuosidad de considerarme artífice de dicha finalización, por mi ‘bronca’, es evidente que los aledaños de la estación de trenes y autobuses de Avilés ya no parece que esté a medias conforme a la planificación de las obras y que cuando me quejé aún no tocaba, pero como uno ve tantas cosas que se dejan a medias, pues preventivamente ya se queja. Le faltan detalles, como haber respetado el mural de la estación de autobuses o alguna cosilla más. Por ejemplo, dudo que los taxistas estén cómodos con el nuevo diseño, espero que el Ayuntamiento les haya tenido en cuenta o haya tratado algo con las asociaciones de taxi, que menos, con las licencias que pagan y con la competencia que sufren desde hace unos años con las plataformas que obviamente no nombraré.
Juan, encomiéndanos a la Santina, junto a la encomienda por tu salud, pide también por la salud de todos y por la salud de este patio que compartimos y que se llama España, que no nos pierda de vista. Buen otoño.
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