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La paradoja de la sanidad pública asturiana

El déficit de médicos y la mejora pendiente de los procedimientos

No tengo más remedio a la hora de escribir esta colaboración este mes, que recurrir a la propia experiencia vital. Puro empirismo, vaya.

Antes de seguir les comentaré que la tal paradoja –a la que hace mención el título de este escrito– en este caso, se trata de confrontar la gran valía y profesionalidad del personal sanitario afecto a la Consejería de Salud del Principado en todos sus estamentos, a los no adecuados procedimientos y mal uso de los recursos y aparataje con los que estos profesionales cuentan en el desarrollo de sus actividades, a mi entender.

Si algo debiera ser ‘sagrado’ en lo que se llama generalmente personal funcionario, es precisamente este colectivo, ya que ante cualquier negligencia, ésta, puede llegar a pagarse, incluso con la muerte. No considerándolo así en el resto del funcionariado, en otras áreas.

Les cuento sucintamente parte de mi experiencia vital.

En cinco años me han cambiado al médico de Atención Primaria en cuatro ocasiones. Hasta ahí, tragas el sapo y sigues adelante con el consiguiente malestar. Explicaré ahora, enseguida, el porqué del enfado. Pero es que un día llegas a pedir una cita médica en tu habitual Centro de Salud y te cascan: "ahora mismo no tiene usted médico asignado; el que tenía se fue para Gijón y es que, además, no hay médicos sustitutos". La solución propuesta es otro profesional, que tú mismo tienes la oportunidad de elegir en una lista que te presentan, de la cual no conoces a nadie. El médico, en todo caso, a ti te conocerá por el historial que va quedando reflejado, en ocasiones, en el sistema informático. El que tienen en el ordenador y que pueden consultar, no es todo lo veraz que debería de ser, ya que no todos los profesionales hacen el mismo uso del sistema informático y otros ni llegan a usarlo. Ignoro el motivo, pero es una realidad comprobada. Por lo tanto, y sin más remedio, te pones delante del profesional médico que te ha tocado en suerte, y que no te conoce –clínicamente hablando– de nada, y empiezas a dudar desde el primer momento de su diagnóstico o interpretación de la analítica que tiene a la vista, sobre todo cuando se trata de un seguimiento o evolución de una causa o enfermedad concreta. Tu médico de atención primaria habitual –pese a su número ingente de pacientes– te recuerda, recuerda tu historia y eso te proporciona una dosis de confianza que pierdes totalmente, ante esta situación que ahora he descrito; por cierto nada recomendable para tu salud general. Algo que como usuarios de la sanidad pública deberíamos considerar, como exigencia inexcusable.

Puestos en la praxis diaria, te piden una analítica de sangre y orina con unos determinados valores a tener en cuenta. Al cabo de unos días, y como no tengo médico asignado, te dan cita para analizarlos conjuntamente con el profesional que te hubiera tocado en suerte. Uno de los valores, que sigue alterado pero controlado, da pie a que este profesional, que ni tan siquiera se ha parado a leer tu historial y que sí que conocería, más o menos, tu medico que venía siendo el habitual, se alarma y te sugiere una consulta en el Hospital correspondiente con el especialista oportuno. Le dices que la tal consulta ya la tienes solicitada y entonces te recomienda que llames a ese servicio concreto interesándote por la misma. Llamas al servicio concreto, Urología es el caso ahora, y aquí te responden que la lista de espera es considerable y que pasarán mínimo dos meses antes de que te citen a consulta.

Pregunto yo en este punto ¿que valor pueden tener unos resultados de análisis clínicos que no están al día cuando te llamen a consulta después de tres meses? Pero es que cuelgo el teléfono y ya que estamos en ello llamo nuevamente al hospital interesándome en este caso por cómo va mi otra cita solicitada, en este caso Oftalmología, y me dicen, casi textual: "apenas han pasado dos meses de su solicitud, y en su caso viendo el histórico de citas, tendrá usted para 7 u 8 meses por delante". Pues casi seguro tendré que recurrir a la sanidad privada, ante el deterioro de mi visión. Sería largo y no tengo espacio para describir más situaciones ciertamente preocupantes, cuando se trata de salud, ya que ¿quién dentro de la sanidad pública asturiana, no tiene a algún profesional que le cuente sobre las miserias y despropósitos internos? También, por supuesto, y como al principio decía, existen acciones y casos a resaltar en nuestra sanidad, que cuenta con aparataje y medios médicos (destaco en este punto la generosidad y altruismo de un empresario español insigne, Amancio Ortega; gracias por ello) que si no suficientes, sí que son elementales; y por supuesto y lo mejor, los escasos profesionales que sostienen el deteriorado y mal operante y operativo, sistema de salud asturiano.

En situaciones donde la salud está en juego, algunos solemos recurrir a pedirle a nuestra Santina, nos restablezca la misma cuanto antes. Hoy y como siempre en mi despedida, pido además a la Santina de Covadonga, eche una mano a quien corresponda y le ayude a poner esto en orden, ya que tenemos casi de todo y no sabemos usarlo.

Una pista, entre otras: ¡Hacen falta médicos y mejora urgente de los procedimientos vigentes establecidos! ¿O acaso el Premio Avedis Donavedian 2025, no ampara el desempeño de unos estándares mínimos de cumplimiento en cosas tan básicas como las descritas?.

Nos vemos en treinta días aproximadamente, casi ya en plena Navidad.

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