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Opinión

La maldad contra la maldad

David Serrano estrena en Asturias una versión como un combate a primera sangre del drama "Las amistades peligrosas" con un elenco tan extraordinario como la dirección escénica

David Serrano, que es el director de estas nuevas "Amistades peligrosas" que se estrenaron el viernes en el teatro Palacio Valdés –es la décima vez que Serrano elige Avilés para retomar su carrera escénica– ayer tarde pasó por el Jovellanos de Gijón. Montó su espectáculo a partir de un cuadrilátero central y, sobre él, un espejo resquebrajado (los dos son del escenógrafo Ricardo Sánchez Cuerda) entre cuyas grietas salen los rayos que iluminan la alegría que termina siendo sombra triste de una vida triste: por la gracia del director de iluminación Juan Gómez Cornejo. Este es el escenario sobre el que el Vizconde Valmont (Roberto Enríquez) y la Marquesa de Merteuil (Pilar Castro) deciden batirse en duelo singular: golpes sin puñales, pero con palabras; dos combatientes de una batalla final en la que la maldad termina ganando a la maldad.

Serrano hace de "Las amistades peligrosas" –retoma la versión que escribió el británico Christopher Hampton y que estrenó en 1985 la Royal Shakespeare Company con un reparto de la virgen: Lindsay Duncan y Alan Rickman ahí, frente a frente, como si nada– unas olimpiadas de dolor que destila un texto como un río lleno de rápidos donde todas las frases logran siempre flotar. Y lo consigue Serrano que lleva a sus actores hasta el barro o la nieve llena de sangre.

Y es olimpiada porque los combates no se detienen. Los púgiles principales lo son porque los secundarios son perfectos: tres mujeres reflejadas en ese espejo roto que hace de techo del ring de la lucha. Ángela Cremonte, Lucía Caraballal (hace de la cortesana y de Cécile, que es como hacer de la luna y el sol) y Carmen Balagué. Y, junto a ellas, Iván Lapadula (que lo mismo es un gracioso salido de una comedia de Lope, como el caballero Danceny y todo esto en su debut sobre la escena).

David Serrano dirige atrapa conciencias desubicada: no se puede sentir querencia por la maldad representada sobre la tablas. "Las amistades peligrosas" es un drama en el que los malos somos nosotros.

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