Opinión
Gol en propia puerta
La postura de IU ante la propuesta al Pleno de dar el nombre de Jaime Luis Martín al auditorio del Valey
Con ocasión de la propuesta en el último pleno del Ayuntamiento de Castrillón de imponer el nombre de Jaime Luis Martín, director del Patronato de Cultura fallecido hace ahora un año, al Auditorio del Centro Cultural Valey, se puso encima de la mesa un tema más que espinoso y en el que se reflejaron de un modo esclarecedor las diversas posturas sobre el mismo: las relaciones entre los gestores culturales y sus responsables políticos en las instituciones públicas.
Este es un asunto ampliamente debatido entre los profesionales del sector, ya que no existe un modelo claro y definido en la administración pública al respecto. En este entramado de relaciones, los gestores culturales municipales, quizás por un contacto muy directo con los responsables políticos, mantienen una relación confusa y ambivalente con la política. Hay quejas permanentes hacia los responsables de concejalías y alcaldías. Hay quien habla de intrusismo, de políticos que interfieren en el trabajo técnico y de gestión, incluso se señala al ego de los mismos. Se afirma asimismo que la incertidumbre ante el cambio político es mayor que en otras áreas municipales.
Es evidente que estamos ante un debate inconcluso o un problema sin resolver.
La postura de Izquierda Unida de Castrillón quedó bastante clara con la argumentación esgrimida para negar el honor propuesto a este mencionado técnico. Fue poco más que inquietante escuchar repetidamente como "se resistía a ejecutar directrices marcadas desde la Concejalía" ya que "la política cultural la define el gobierno municipal".
Dos constataciones para avanzar en el análisis. La primera, evidente y básica para determinar el modelo de relación es la obviedad de que los gestores culturales permanecen en la Administración con carácter indefinido, mientras que los cargos políticos son de carácter temporal. Ello es un factor importante para entender la diferencia en la apreciación del factor tiempo en las políticas culturales a desarrollar. Para el gestor cultural, la legislatura no es un corsé temporal que deba constreñir o al menos definir las políticas culturales a realizar. A menudo hay proyectos que necesitan de más tiempo porque su definición, sobre todo si parte de un proceso participativo, precisa de ello. Sin embargo, para los políticos, la legislatura es un elemento temporal importante ya que buscan resultados durante su mandato para cumplir su programa electoral y para rendir cuentas a la ciudadanía.
En este punto entraría el factor clave, el respeto al puesto del profesional. Es él quien debería valorar el cómo llevar a cabo ese qué planteado desde arriba.
Por otra parte, es bien sabido que la cultura es y ha sido objeto de deseo de todos los gobiernos, especialmente de los manipuladores, que ven en ella el perfecto campo de adoctrinamiento. Y ante ello el mundo de la cultura siempre ha dicho "no", fiel a su esencia de sentido crítico y libertad.
En Castrillón hemos sido testigos de esta lucha, a veces encarnizada, con los gobiernos (únicamente) de Izquierda Unida. La ilustran esas "negativas expresas, oposiciones retadoras o pasivas y resistencias" que destacó la portavoz de dicho grupo el otro día en su intervención. Todos sabemos cómo quisieron romper la baraja y resolver el conflicto: disolviendo los Patronatos.
Pero las fuerzas políticas, algunas de las cuales son calificadas por ellos continuamente de extremistas y fascistas (mejor dicho, fachitas, término acuñado por la anterior alcaldesa con no poco desprecio por el respeto que merecen los integrantes de la Corporación) lo impidieron en un pleno al que se llevó esta propuesta in extremis un mes antes de las últimas elecciones.
La segunda constatación es que esta delicada relación política y técnica se da entre personas, con todos los matices que aportan las relaciones humanas. En ellas el respeto es básico y por ello el ego también. Hay personas que malinterpretan su legitimidad política sin ser conscientes que los votos dan legitimidad pero no conocimiento. En este sentido, alegar que Jaime Luis Martín no hizo más que cumplir con su labor ordinaria y por ello no sería merecedor de este reconocimiento, obviando la reacción unánime del mundo cultural asturiano (encabezado por la Consejera de Cultura) que resaltó su extraordinaria labor en todos los medios de comunicación, es algo más que imperdonable. Utilizando una de los epítetos que le dedicó el ponente del Partido Socialista en su emotivo discurso, "el gestor de mirada larga que fue Jaime" contrasta con la mirada corta y miserable de un partido que no es capaz de reconocer el mérito sin obediencia.
Escribo este artículo "desobedeciendo" sus indicaciones y recriminaciones continuas, otro motivo de penalización en el curriculum de Jaime Luis, al hecho de expresar nuestras opiniones por escrito en un medio de comunicación "yendo en contra de un gobierno elegido democráticamente". Afirmaciones incomprensibles para un partido que advierte enfervorizadamente de los peligros de una vuelta atrás en derechos y libertades.
Creo, sinceramente, que el pasado viernes se dejaron todas las máscaras en casa.
O, dicho en términos futbolísticos, metieron ustedes un gol en propia puerta.
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