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Una reivindicación necesaria

Avilés y la deuda pendiente con la accesibilidad

Cada 3 de diciembre, con motivo del Día Internacional de la Discapacidad, las instituciones repiten palabras como inclusión, igualdad u oportunidades. Sin embargo, en Avilés estas palabras se diluyen demasiado a menudo entre bordillos imposibles, aceras estrechas, locales inaccesibles y trámites que parecen pensados para cualquiera menos para quienes viven con movilidad reducida. La ciudad tiene una deuda histórica con miles de vecinos que, día tras día, siguen encontrándose con barreras físicas y administrativas que limitan su autonomía. Y esa deuda no se resuelve con discursos: exige gestión, decisión y valentía política.

Una reivindicación necesaria

Una reivindicación necesaria

Durante años, Avilés ha avanzado en modernización urbana, pero no al ritmo que exige una sociedad verdaderamente inclusiva. El casco histórico continúa plagado de obstáculos; muchas calles carecen de rebajes adecuados, los pasos peatonales son estrechos, las rampas están mal diseñadas o directamente no existen, y una parte significativa de los establecimientos de hostelería y ocio siguen sin adaptar sus accesos. Esto no es una cuestión estética ni secundaria: es un problema de igualdad real.

Desde el Partido Popular de Avilés, defendemos que la accesibilidad no puede seguir tratándose como un añadido, sino como un elemento central de cualquier proyecto urbano.

La libertad individual empieza por poder salir de casa sin pedir ayuda, por poder acceder a un comercio sin atravesar barreras físicas, por poder vivir la ciudad en igualdad de condiciones. Esa es la verdadera justicia social: la que garantiza oportunidades a través de hechos, no de consignas. Avilés necesita un plan integral de accesibilidad serio, evaluado, presupuestado y ejecutado sin retrasos. Un plan que revise nuestros barrios, los edificios públicos, las infraestructuras municipales y el tejido comercial de la ciudad. Un plan que acompañe y apoye a los pequeños negocios para que puedan adaptar sus establecimientos sin que ello signifique un esfuerzo inasumible. La accesibilidad no es un gasto: es una inversión en dignidad, en autonomía, en igualdad real. Porque cuando una ciudad elimina barreras, no solo mejora la vida de quienes tienen movilidad reducida; mejora la vida de todos: mayores, familias con carritos, personas con lesiones temporales, turistas… Avilés no puede permitirse quedarse atrás.

En este Día Internacional de la Discapacidad, es necesario recordar que una ciudad se mide también por cómo trata a quienes más dificultades encuentran en su día a día. Avilés tiene mucho de lo que sentirse orgullosa, pero también mucho que corregir. Es hora de pasar de las palabras a la acción. Y para eso, la política debe estar al servicio de las personas, defendiendo una gestión eficaz, responsable y comprometida. Avilés merece ser una ciudad sin barreras. Y lo conseguiremos.

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