Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Balcón al Muelle, por Covadonga Jiménez: El pasado siempre vuelve en la historia del Niemeyer

La ambición del fugado Natalio Grueso acabó con su carrera y alcanzó también a la proyección del centro cultural, ahora de vuelta a la actualidad por su mala praxis como gestor

Natalio Grueso en una imagen de archivo.

Natalio Grueso en una imagen de archivo. / Luisma Murias

De un buen gestor cultural se espera que sea un hombre "todoterreno" , versátil y proactivo, que no solo gestione recursos, sino que funcione como agente transformador y que, además, potencie el del espacio que dirige.

Ni lo uno ni lo otro logró Natalio Grueso, el prófugo de la justicia, ahora detenido en Portugal, a la espera de ser entregado a las autoridades españolas. Cuando casi nadie esperaba que el ausente ex director del Niemeyer volviera a ocupar titulares, en pleno encendido navideño, Grueso inició el descorche de una dosis de sorpresa, a mitad entre la justicia poética y un asombroso giro de los acontecimientos cumplidos dos años en paradero desconocido.

No hay nada peor para un prófugo que la imagen de vuelta a la actualidad, en esa mezcla de morbo y curiosidad acerca de cómo ha tratado la vida a quien casi 30 meses después de que se dictara una orden de busca y captura, retorna menos fugitivo y versátil que aquel gestor de los años de Woody Allen y Kevin Spacey en el Niemeyer.

Lo que quedará de la primera jornada postencendido navideño es que la vida en la clandestinidad tiene final, que aquello de volver a casa por Navidad como en el anuncio de turrones se cumple a veces o que la épica de los fugitivos de hacer eterno lo pasajero tiene fecha de caducidad.

No hay peor viaje que el de vuelta a ‘casa’ cuando uno ya no tiene eso, casa, y a Natalio Grueso le ha tocado dejar de viajar con documentos falsos o vivir oculto con el apoyo de amigos de dudosa legalidad, habida cuenta de que también está penado ocultar a personas huidas de la justicia. Quien fuera condenado a ocho años de cárcel por malversación de caudales públicos, falsedad documental y delito societario durante su gestión en el complejo cultural avilesino llamado a ser internacional, llegó a recabar firmas de destacadas personalidades del mundo de la cultura pidiendo su indulto.

Ni tan siquiera se puso en duda su capacidad para continuar en la gestión pública durante la etapa en que la exalcaldesa de la capital Ana Botella, lo puso al frente de la gestión de todos los teatros municipales de Madrid. Grueso morirá ‘matando’, entiéndase la expresión, pues se mueve como pez en el agua en un mundo plagado de intelectuales mistificados jugando a ser autoridades.

Historias de fugados España tiene unas cuantas. Del reciente episodios de Puigdemont en el maletero de un coche, a Luis Roldán y sus 2.200 millones de las antiguas pesetas en fondos reservados o el inolvidable Dioni que disfrutó de 55 días en Brasil tras robar un furgón blindado con 300 millones, sin olvidar al evasivo Eleuterio Sánchez ‘El Lute’, famoso igualmente por sus problemas con la justicia.

Ninguno de ellos tan huidizo ni de gustos tan excéntricos como Natalio, cuya ambición arruinó una carrera con más sombras que luces como gestor cultural. Dice un popular refrán español que "muerto el perro, se acabó la rabia", pero en el caso Niemeyer ni el final de la que sería su ‘manzana podrida’ ha logrado apagar esa sombra de la duda sobre lo que pudo haber sido el gran sueño avilesino, con el inconveniente añadido de que la proyección del complejo cultural tomó carácter internacional cuando un fugado de la justicia hizo trascender su ‘mala praxis’ al frente del mismo. El problema con Natalio es que el pasado siempre vuelve al Niemeyer.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents