Opinión
Estefanía Rodríguez
La Constitución como marco de convivencia
La aprobación del texto, en 1978, constituye el hito jurídico y político más relevante de la historia contemporánea de España
Desde una perspectiva histórica, la Constitución supuso la culminación del proceso de transición democrática y, con ello, la superación definitiva de la dictadura franquista, a la par que proporcionó un marco jurídico-político capaz de garantizar la convivencia en un espacio común, con fundamento en el consenso político, garantía de derechos y organización territorial del Estado con la descentralización como elemento clave de cohesión y diversidad.
El reconocimiento y garantía de derechos fundamentales y libertades públicas, como la de expresión, reunión o asociación, inexistentes o severamente restringidas durante el franquismo, adquirieron una protección normativa plenamente homologable al marco europeo y, supone una de las aportaciones más significativas del texto constitucional, además de la base material de dicho marco de convivencia.
La Constitución emerge como texto consensuado entre fuerzas políticas ideológicamente diversas, lo que se tradujo en la configuración de un sistema democrático estable y de convivencia ante una España plural y diversa que, cumple 47 años de plena vigencia. Más concretamente, en un Estado social y democrático de Derecho, basado en la soberanía popular, separación de poderes y protección de las libertades públicas.
A mi juicio, el Estado de Derecho no se encuentra en riesgo inmediato de desaparición, pero sí exige nuestra máxima atención ante signos evidentes de erosión progresiva: la excesiva polarización política, el prolongado bloqueo institucional de órganos como el Consejo General del Poder Judicial, la creciente percepción la politización de la justicia o los conflictos territoriales que tensan la cohesión. Todos estos factores contribuyen a que se perciba la fragilidad del sistema y podrían minar la estabilidad del marco constitucional, si no se adoptan medidas orientadas al consenso, despolitización institucional y refuerzo de la cultura democrática
La Constitución, no es solo un texto jurídico. Es símbolo de responsabilidad, ética y altura política y, un ejemplo histórico de que el diálogo, la negociación y el respeto mutuo pueden producir consensos duraderos y estables.
Hoy más que nunca resulta imprescindible reconocer que su aprobación contribuyó a dignificar la política entendida como noble instrumento al servicio de la sociedad, siendo preciso, recuperar el espíritu de concordia y respeto institucional en que se inspiró, para poder construir entre todos una sociedad mejor.
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