Opinión
Al otro lado del mar
Los retos en torno a las migraciones modernas
Escuchando el eco encantado del otro lado del mar. Así comenzaba Alberto Pérez su programa, "Corazón loco", en Radio 3, hace ya un buen montón de años. Daba paso a una hora de música procedente de países de América Latina, seleccionada con enorme gusto para, como él mismo decía, "colmar tus ansias de tristeza". Pasado el tiempo, decaído el gusto por escuchar aquellas músicas, del otro lado del mar nos viene ahora la tristeza de ver familias enteras huyendo de sus países, controlados por grupos violentos que amenazan gravemente a quienes no contribuyen a sus beneficios pagándoles modernos diezmos.
Se sorprenderían al conocer el número de familias que llegan a nuestra ciudad cada mes huyendo de un posible secuestro sin retorno, o directamente de la muerte, sin que nadie parezca querer evitarlo. La mirada triste de una madre en la incertidumbre de poder dar a sus hijos el alimento diario, de protegerlos del frío, de encontrar una escuela, es lo que ha sustituido a aquellas viejas melodías.
En estos tiempos en los que la inmigración se ha convertido en un argumento político no exento de demagogia, por muy ortodoxo que se quiera ser en el concepto frontera, la realidad supera ampliamente cualquier suposición hecha desde el confortable sillón.
Unos lo han olvidado, otros no lo conocen, pero desde la segunda mitad del siglo XIX decenas de miles de asturianos emigraron al otro lado del mar, haciendo justo el viaje inverso al que ahora hacen estas familias. Con cada crisis económica nuestros antepasados emprendían una aventura llena de riesgos para buscar un lugar donde vivir. En los años negros del pasado siglo, a la penuria económica se unió la represión y la persecución por no aplaudir al poder establecido. Aquellos asturianos llegaron a un mundo desconocido en el que, con seguridad, no encontraron, demasiadas facilidades; muchos no pudieron alcanzar sus expectativas.
Si conocen el Archivo de Indianos, en Colombres, tal vez recuerden una foto que es todo un relato, la despedida de un padre y su hijo al pie del puerto; si no han ido, no tarden en visitarlo. La misma escena se repite ahora en los aeropuertos de aquellos países, donde personas con igual esperanza que aquellos asturianos parten en busca de un porvenir más seguro para ellos y sus hijos. Los veremos, sin saberlo, bajo las luces de Navidad en las próximas fechas.
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