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Avilés

La tragedia nacional descacharrante

El Niemeyer despide el año teatral con un montaje perfecto del mejor Valle-Inclán de todos

Max Estrella le explica a su Sancho Panza desalmado que es don Latí que en España no hay tragedias, que este país se mueve por "esperpentos". Estrella es una de las criaturas más señeras que sacó de su "cráneo previlegiado" el dramaturgo Ramón del Valle-Inclán, el mismo de "Los cuernos de don Friolera", el espectáculo que cerró el ciclo de teatro de este otoño en Avilés, la última función del año, pura celebración teatral, un espectáculo tan triste como descacharrantes.

Don Friolera, por aquello de sus acotaciones cinematográficas y sus excesos castizos, tardó en verse sobre las tablas. Por eso y por los cuarenta años de Dictadura. En la primera Transición, Imanol Arias y Juan Diego anduvieron por este mundo de Santiago El Verde. Y también el actor ovetense Juan José Otegui. El espectáculo que se vio este viernes en el Niemeyer se estrenó en los teatros del Canal de Madrid esta pasada primavera. Andará de gira hasta la primavera que viene (en Gijón lo esperan en febrero).

Ainhoa Amestoy dirige a los siete actores sobre la escena –todos doblan personajes, algunos triplican y más– con magia. Y así uno puede disfrutar de la parte poética que ejemplifica la conversación pedante entre don Estrafalario y don Manolito; de ese "Otelo" a la española que emparenta el dolor de la pérdida de la honra con "El alcalde de Zalamea" o hasta el "Poema del Mio Cid". Valle-Inclán desquebrajó las bases del teatro nacional desde sus cimientos, convirtiéndose él mismo –por la gracia de su talento descomunal– en los nuevos cimientos: el dolor se confunde con la risa. "¿Para qué nacemos?", pregunta Don Friolera. "Para rabiar", le responde Curro.

El montaje cuenta con una escenografía perfecta que diseñó Tomás Muñoz y que guarda parecido con los andamios, pero también con una jaula, la jaula esa que anuncia Curro cuando le pregunta a don Friolera si va a cambiar de residencia, que a su mujer la casa de él le "hace tilín". Y esa escenografía como una cárcel abierta a trozos es una corrala, es el domicilio del teniente... es el lugar del bululú... y es el lugar donde el plantel de actores al completo –sobremanera, el trío principal– absorben el corazón de los espectadores que se quedan clavados en un texto que tiene cien años y que supo vivir en Luis García Berlanga, en Pedro Almodóvar, en José Luis Cuerda y en el momento presente. " Mi estética es una superación del dolor y de la risa", vuelve don Estrafalario tan explicativo como Max Estrella.

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