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félix Lobato

Que no se apaguen las luces

Recuerdos de niños y nostalgia de adulto

Les seré sincero, las Navidades no son mis fechas favoritas. Según uno va cumpliendo años, cada vez mira más hacia atrás, supongo que forma parte del ser y estar. Me explico: poco a poco vamos avanzando en esta vida y cuantos más pasos damos, más reflexión dedicamos. Uno se ve en medio de todo y se interroga sobre sus referencias, sobre el sitio que ocupamos y hacia donde vamos. La historia del pensamiento está llena de páginas y páginas escritas de consideraciones existenciales, nos interrogamos en nuestro diálogo interior.

La cuestión es que hay contextos que nos llevan a esa pregunta, a ese diálogo- monólogo en silencio. La Navidad es la fecha propicia a tal fin. Todos somos capaces de situar, más o menos, nuestro periplo vital usando como referencia estas fechas. Quién estuvo en cada momento con nosotros y que ya no está, qué hicimos aquella Nochebuena, aquel Fin de Año o aquella mañana de Reyes y nos lleva a mirar atrás y desde el hoy y ahora a darnos cuenta de lo recorrido. Es inevitable acordarnos de los nuestros que ya no están y revivir momentos compartidos con ellos. Es también momento, referencial y sin posibilidad de eludirlo, para acordarnos aún más que de costumbre de quien estando, sin embargo, no hemos sabido conservar a nuestro lado y ser jueces de nosotros mismos y de nuestros errores o falta de acierto adecuado, si queremos ser autoindulgentes.

La Navidad son recuerdos de niño con ilusiones y a la vez también nostalgia de adulto.

Pese a mi predilección por "el Grinch", estas fechas tienen su cometido y también sé que llenan de ilusión y alegría a quien uno quiere, por eso, sin perder de vista todo lo que les he dicho al principio de mi colaboración de este mes, bienvenidas sean y que la luces no se apaguen más allá del 6 de enero y que ello no sea por tratar de aprovechar el tirón de la competencia de espectáculo de luces que en los últimos años tienen muy ocupados a algunos Ayuntamientos.

Que sigan las luces encendidas y sean esperanza de años mejores y de buenos momentos. Que no se nos olvide que dentro de un año, estaremos contando otra Navidad más y seguiremos dándole vuelta de tuerca a nuestra existencia, que sea aliciente para mejorar como personas y también a darnos cuenta de todo lo que hemos podido hacer y ha afectado a otros, sobre todo de manera negativa, como aprendizaje, tanto para pedir perdón (no porque necesitemos que nos perdonen, sino como algo que debemos, sin esperar nada más) como para evolucionar como mejores personas. Que el Año Nuevo, nos depare los menores disgustos posibles y nos lleve a un buen balance final, cuando en un año miremos hacia atrás.

Que los Tres Magos de Oriente traigan lucidez, cordura a todos e inspiración a quien gobierna y nos representa, con una buena dosis de bien común, siendo lo único importante y que guíe su proceder.

Que este Avilés crezca con clase y con contención, sirva de ejemplo el trabajo de descubierta de la muralla, las obras de la estación de autobuses, la construcción de vivienda pública (prácticamente ciencia ficción). Que la ciudad se modernice contenida y con estética, al servicio de todos y con gestión eficiente de recursos públicos.

Mi reticencia a la Navidad y la falta de espíritu en ese aspecto, no empaña mi mejor deseo de Felices Fiestas y Esperanzador Año Nuevo. Juan, dale tu la puntilla colorista y optimista a estas fechas, que a mi me dan mucha flojera. Encomiéndanos a la moradora de la Santa Cueva, que ella sabrá interceder por nosotros y lo que nos ilusiona. Nos leemos en 2026.

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