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Navidad, Navidad

Finales de año para hacer balance, o cuando la alegría se impone a la tristeza

Si me van conociendo un poco, habrán intuido que este mes en esta colaboración mensual junto a mi amigo Félix Lobato, no podría comentar otra cosa en este diario, que no tuviera tinte de Navidad. Y de Navidad bien entendida.

Navidad, Navidad

Navidad, Navidad

Yo digo que, la Navidad es una fiesta eminentemente religiosa, y después todo lo demás.

Evidentemente, la Navidad es alegría, es familia, es paz, es recuerdo, vivencia, a veces nostalgia, en ocasiones –porqué no decirlo–tristeza.

Permítanme y reparen ahora por un momento, en la siguiente paradoja vital. Les cuento. Hace treinta y dos años que una nochevieja muy gélida, en Oviedo, fallecía mi madre en el entonces Edificio A del Hospital General de Asturias. Once años antes, lo hacía mi padre en el mismo Hospital. Esta Nochebuena del año 2025 –hace dos años– nacía mi segundo nieto, Alejandro. Un mes antes, hace cuatro, lo hacía el primero, Guillermo. Entenderán –por una parte– la tristeza de todos estos años atrás por la falta de seres tan queridos, y la inmensa alegría y ganas de vivir la Navidad intensamente como siempre, desde hace cuatro años, acá. Tristeza versus alegría, paradojas de la vida.

Vuelvo a ‘montar el belén’. A encender luces –que no se apaguen como dice Félix hoy en su colaboración– a recoger musgo de la mano de dos expertos destructores, a cantar villancicos, y a volver a cocinar para muchos.

Por cierto, este año y en plan experiencia piloto, los menús de las comidas familiares navideñas, consistirán en lo siguiente: "plato de abundantes patatas fritas con huevos fritos rotos, retejado todo ello con langostinos al ajillo (unos picantes, otros non)".

Este año, especialmente, es inmensamente placentero salir por Avilés y ver y sentir el ambiente navideño que se palpa en la calle. Por fin se lee, Feliz Navidad y no aquel –o menos– Felices Fiestas, tan generalista. Felicidades desde aquí, a los responsables. Forma parte, al fin y al cabo de una Navidad bien entendida.

Lo cierto y verdad es que los finales de año, si uno tira de su histórico, no son lo que se dice especial y plenamente felices.

Este año y en la misma línea sin acudir al histórico, quiero recordar hoy aquí, a alguien que también se fue para siempre este paradógico mes de diciembre. Un genio, un amigo, un jefe en su día; uno de los mejores creativos que hubo en España, él era Misael Campo. Aún se me acumulan en la memoria, grandes momentos y experiencias vividas al lado del genio. También –sin ser ningún secreto– alguna amarga con las que él personalmente, mantenía su guerra particular de hace años. Siempre se decía en su entorno, Misael es malo para él. Descansa en paz, amigo.

¿Me permiten despedirme por este año, con una nada lesiva petición (créanme que totalmente apolítica) para nuestra vituperada nación española? Pues ante el grado de deterioro y descrédito que se está alcanzando en nuestra Patria, vean entre todos (partidos políticos) y pónganse de acuerdo para convocar cuanto antes, unas elecciones generales. Nunca antes, reflexiónenlo por favor, España tanto las necesitó.

Pues nada; a esperar este año la nochebuena de nuevo, también en compañía de nuestro Niño Jesús particular; Alejandro que llegó tal día como el de este de Nochebuena que tenemos a las puertas, hace ya dos añinos.

Dicho lo cual, aprovechando la libertad de expresión que se gasta en este diario para decir lo que se piensa, y haciéndome eco –cómo no– de la encomienda de Félix Lobato, pido a la Santina de Covadonga por todos nosotros y lo que nos ilusiona, y mucha salud y por España y por la Paz en el mundo.

Hasta dentro de treinta días, que ya será otro año.

¡Feliz Navidad! n

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