Opinión
Meditación navideña
El tiempo ideal para el encuentro con lo supremo
En la vida es fundamental disfrutar de lo bueno, vivir el instante y recordar con ilusión y agradecimiento los inolvidables tiempos que quedaron atrás. Cada Navidad es un reencuentro con uno mismo, con lo mejor que somos y también con las cosas que queremos y nos otorgan la gracia del entusiasmo. Cada instante es diferente, no somos los mismos de quienes éramos hace un momento; de ahí la necesidad de aprovechar cada circunstancia para rendirle un tributo a la vida y a los agasajos que nos ofrece. Los seres queridos que se fueron nos homenajean desde el lugar maravilloso donde están, son parte esencial de nuestro viaje por la vida.
Estas fiestas entrañables para todos, festivas para la mayoría y religiosas solo para unos pocos , nos ofrecen la posibilidad de estar a la altura de uno mismo , no dejar para un mañana inexistente lo que podemos hacer hoy y, sobre todo, pensar en superarnos por dentro y desplegar las ingentes posibilidades de crecimiento que yacen aletargadas en lo más profundo del ser.
Es imprescindible no confundir el placer con la felicidad, el dinero con la riqueza y el conocimiento con la sabiduría para estar en el lugar del universo donde nos corresponde. Somos criaturas divinas, ángeles potenciales, niños eternos que volamos sin saberlo hacia dimensiones desconocidas de la realidad. Invoquemos al espíritu de la Navidad para superarnos , para que nos devuelva la alegría primera, la inocencia pura y transparente, la visión mágica de las cosas y el secreto de percibir los mundos ingrávidos y sutiles.
Es el tiempo ideal para el encuentro con lo supremo, la cita obligada con el tierno corazón, una ocasión dorada y excepcional para transformar la vida por dentro, darle gracias a la existencia y trabajar por las cosas que merecen la pena. Si no somos mejores de lo que somos el planeta seguirá su dirección hacia el caos. Gracias a los nobles y buenos pensamientos podemos atisbar reinos invisibles que no imaginamos, misterios que en la niñez nos hacían suspirar y nos pueden ayudar a comprender lo que de verdad está sucediendo.
En estas fechas especiales se siente más que nunca el aura singular de lo sagrado, el sentido inconfundible de la nostalgia, la percepción de lo imposible, el retorno a las creencias cristalinas de los primeros años, la mirada que destila brillo y esplendor y la sensación todopoderosa de creernos eternos, muy por encima de las veleidades circunstanciales y los sucesos cotidianos.
Navidad es el triunfo del niño eterno, la victoria luminosa de las fuerzas de la luz sobre la oscuridad, la muerte de un universo derrotado por el olvido de Dios y el abandono de los principios permanentes .
Cuando sabemos que no estamos solos, que alguien superior al hombre nos protege y nos concede su ayuda, que el bien siempre vence y que la vida es un regalo maravilloso para ser felices y ganar el cielo, todo cambia, el arco iris aparece y cada instante se convierte en una visita al paraíso guiada por la mano bondadosa de un ángel. Ganamos cuando amamos, vivimos cuando abrimos el corazón y alcanzamos la gloria cuando estamos dispuestos a morir por amor y nada más que por amor.
Una sociedad exenta de valores, contraria al progreso espiritual, que solo resalta y da mérito a lo material, perecedero y trivial,es enemiga acérrima del hombre y la libertad.
Existe un espacio invisible donde los hombres de buena voluntad se reúnen para celebrar juntos la llegada de la luz y la paz, un tiempo sin tiempo que anuncia la eternidad, un estado interior donde el ser logra su máxima conciencia y plenitud . Para descubrir esa gracia exquisita que anima todo lo creado, solo tenemos que ser como niños, decir siempre la verdad y no perder el rostro bendito de la fe que todo lo puede.
Si no existieran cosas más importantes que el dinero, el éxito y el poder, estaríamos perdidos .
Los tesoros dormidos que llevamos dentro son los únicos que nos pueden ayudar a ser dichosos y a amar la vida.
Cuanto más ayudemos a nuestros semejantes mejor estaremos; no solo de pan vive el hombre: una buena y amorosa palabra en el momento oportuno puede curar una enfermedad o salvar una vida.
Amemos más para que quienes nos aman sean más amados. Al final esta vida es, en el fondo, una historia de amor con el destino, con uno mismo y con quienes nos rodean. Cuanto más amor demos más regalos de la buena suerte recibiremos a cambio. El amor es lo único que entregamos y llevamos, el resto viene siempre otorgado por añadidura. El que ama es imperecedero, pertenece a las estrellas, vive en este mundo sin ser del mundo: la paz es su mensaje y el amor el fruto de su alma.
Las Navidades pasan y se quedan atrás, los hermosos recuerdos no se olvidan jamás, nos alimentan una y otra vez. Vivamos alegres y con conciencia despierta para que nuestros sueños se hagan realidad.
Sembremos paz para que podamos contemplar el rostro sensible y más luminoso de la realidad .
No necesitamos la ciencia ni la técnica para progresar sino ser felices para que haya progreso.Y, sobre todo, no perdamos nunca el hilo invisible de la infancia que nos conecta directamente con la eternidad .
¡Feliz Navidad!
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