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Un vaso mediado

Momentos dulces y amargos del año que termina, con la incertidumbre sobre la industria en el horizonte

Hoy se celebra el Día de los Santos Inocentes, en memoria, según la tradición, de los niños asesinados en Belén por orden del Rey Herodes. Tan trágico relato fue compensado por la práctica de gastar bromas sin que la víctima deba enfadarse por ello; es tradición también colar en los medios de comunicación alguna noticia falsa para divertimento de unos y otros, práctica que en estos tiempos de ‘fake-news’ se ha quedado en un juego de niños.

Un vaso mediado

Un vaso mediado

Un día como hoy señala el camino hacia el nuevo año, tras las campanadas de Fin de Año, las uvas, los cotillones y las reuniones de familiares y amigos. Suele ser tiempo de balances, de mirar hacia atrás para girar luego la mirada hacia el año que llega.

Cada uno se queda con su medio vaso, unos con el sabor amargo de lo que no se ha hecho o ha salido peor de lo esperado, otros con el dulce gusto de haber logrado alguna de sus expectativas.

Por mi parte, me quedo con el sabor amargo de la incertidumbre sobre la industria y del aumento de la desigualdad, incluido el creciente número de personas de edad avanzada que viven solas.

En el lado de lo dulce, el avance medioambiental de la ciudad, el aumento de las zonas ganadas para los peatones y el reconocimiento de la intensa vida cultural y festiva de la ciudad, atracción de visitantes en número no imaginado en tiempos pasados. La ciudad gris y sucia de otros tiempos es ahora una ciudad con luz, con orgullo de comunidad.

Dentro de un año volveremos a ver el vaso mediado, con sus dos lados, amargo y dulce. Probablemente la industria seguirá formando parte del lado amargo, pero prefiero pensar que el lado dulce será entonces más grande, con un aumento del número de visitantes, con la puesta en funcionamiento del centro asociado de Nebrija llenando las calles de estudiantes universitarios, con un avance en las políticas dirigidas a las personas vulnerables, con el freno a la desigualdad, la reducción de los casos de violencia de género y una mejor integración de las familias que vienen a nuestra ciudad a buscar una esperanza que no tienen en sus lugares de origen.

Nada de esto vendrá entre los regalos del Día de Reyes, al contrario, será fruto del esfuerzo colectivo. Por cierto, no se pierdan la Cabalgata el día cinco.

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