Opinión
Fernando Treceño
Noche de Reyes
Cuando no matamos al niño que llevamos dentro podemos lograr las máximas gestas
En el Evangelio de San Mateo, el más judío y eclesiástico de todos, aparece la visita que unos magos de Oriente le hicieron al niño divino, recién nacido, tras emprender un largo viaje; es el único de los evangelios canónicos que recoge esta maravillosa muestra de adoración y respeto ante la presencia de lo sagrado. Tras postrarse ante el pesebre, le ofrecieron oro como rey, incienso como Dios y mirra como hombre. Si queremos conocer , ampliar y enriquecer la historia bíblica, tenemos la imperiosa necesidad de acudir a los evangelios no autorizados o apócrifos y a las fuentes orales , para conocer otros detalles complementarios. El "Evangelio Armenio de la Infancia" (siglo VI) nos indica el número de reyes y sus nombres así como el país de su procedencia : Melchor, rey de los persas; Gaspar, rey de la India; y Baltasar, rey de Arabia.
En una de las piezas de la literatura española del siglo XII, el "Auto de los Reyes Magos", el texto teatral más antiguo que se conserva en lengua castellana, aparecen sus nombres pero no como reyes, sino como astrólogos
Sus nombres surgieron por primera vez en un mosaico del siglo VI en Ravena, Italia ; se muestran ataviados al modo persa , con sus nombres escritos encima y representando distintas edades.
San Mateo nos narra que, después de ver a Jesús , fueron advertidos por un sueño que no volvieran a casa de Herodes, que lo quería matar y regresaron a su tierra por otro camino.
Esta historia nos describe, de manera magistral, que todo nacimiento especial bendecido por el cielo va acompañado siempre de una luz que salva y suscita, al mismo tiempo, todo tipo de violencia, envidia y odio a su alrededor. Lo que está abajo no entiende ni soporta aquello que está arriba; los espíritus selectos pertenecientes a una casta espiritual superior son objeto desde el primer día de ataques de las fuerzas de la oscuridad. Pero el bien siempre vence, cuenta con la amistad invisible de las estrellas.
El niño eterno, la encarnación de la bondad y la inocencia, es guiado por signos celestes, sueños e intuiciones, está protegido por entes invisibles de procedencia sobrenatural.
El que obra el bien corre un grave peligro, desata fuerzas contrarias a su alrededor, pero también recibe la visita de seres muy singulares y otras entidades poderosas que le confieren un espacio secreto que nadie puede menoscabar.
El seis de enero es la fiesta mágica de la infancia, la victoria de la inocencia sobre la maldad, el triunfo de la ilusión sobre la desesperanza.
Un niño nunca muere, es la esencia del bien, se contenta con nada, juega con todo, es feliz a solas, carece del sentido de la propiedad, vive en las alturas, pone en el mundo la chispa incalculable de lo mejor, está en permanente contacto con la mirada que todo lo puede.
Los Reyes Magos nos demuestran que cuando creemos en lo imposible se hace realidad, cuando no matamos al niño que llevamos dentro podemos lograr las máximas gestas y hazañas y que existe algo que está por encima de lo banal y ordinario que sólo una mente pura y un corazón sano pueden conquistar.
A pesar del tiempo transcurrido sigo confiando en la victoria definitiva de la luz sobre la oscuridad, en la presencia de ángeles entre nosotros, en la ayuda invisible que el cielo da, en la fuerza todopoderosa de la ilusión y , sobre todo, en la presencia única e inexplicable de una dimensión superior que nos acompaña desde el primer sollozo de la cuna, conoce nuestro destino y nos protege como una buena madre con una energía sin igual.
Creo en los Reyes Magos porque conozco la magia que la vida me concedió; creo que todas las personas de buena voluntad encuentran el camino que les conduce hacia su destino final y también creo, porque lo sé, que existe una luz, invisible para muchos, y visible para unos pocos, que nos salva de los demonios interiores y de los seres que aún moran en un estado inferior de evolución.
Le pido , a mi querido Melchor , rey sempiterno de luenga barba blanca como la nieve recién caída, el oro de los elegidos para ser uno más; el incienso de la verdad sagrada para que ilumine mi reino interior y la mirra del dolor y el sufrimiento para que me torne con dignidad en un discípulo de lo superior, en definitiva, en un niño feliz sobre todas las cosas.
Y para todas las personas del mundo les pido, a sus Majestades de Oriente, desde lo más profundo de mi corazón, que esa estrella especial que les condujo al portal de Belén hace más de dos mil años, siga más viva que nunca para que la humanidad recobre el sentido común , el poder inmaterial de la gracia y la alegría de estar unida a la constancia plena de la eternidad.
Feliz Noche de Reyes .
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