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Sonata de decisión libre

Carlos Hipólito pone en pie al Palacio Valdés con una encarnación "muy humana" de Pau Casals

El "celista" Pau Casals, en plena Guerra Mundial (la segunda), vivió en Prades, al pie de los Pirineos franceses. Era uno de los músicos más importantes del planeta. Unos meses antes, por ejemplo, le habían nombrado Doctor Honoris Causa en Edimburgo, daba conciertos en el Royal Albert Hall. Era una especie de Bruce Springsteen.

Prades, cuando su segunda estancia en la localidad francesa para escapar de las bombas de los sediciosos que terminarían ganando la Guerra Civil, era una localidad controlada por los nazis.

Aquí es donde Yolanda García Serrano y Juan Carlos Rubio colocan "Música para Hitler", una comedia dramática sobre la libertad y su ejercicio sin dobleces que protagonizan un Casals que, siendo una estrella mundial, es un hombre de carne y hueso acosado por el poder psicópata mientras intenta normalizar la vida cuidando de una sobrina joven con ganas de romper el tiempo. Y también está su pareja de muchos años (Kiti Mánver): discípula, enamorada, pero con las averías que terminarían con sus huesos en la tumba. Francesca Vidal y Casals se casaron en "articulo mortis", pero eso no se cuenta en la obra: pasó unos años después.

Este es el contexto de una función deliciosa que puso en pie al Palacio Valdés en la primera función del año: porque el texto es redondo, porque los duelos entre Mánver e Hipólito son tiernos y porque el diálogo final entre el oficial nazi (Muriel) y el propio Hipólito paraliza el corazón. "Música para Hitler" acondiciona el pensamiento.

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