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Tormentosa normalidad

Deseábamos volver a la normalidad tras el Día de Reyes, pero no ha sido así. El oleaje levantado en el Caribe y la búsqueda en el mapa de ese lugar que sabemos que existe pero que no tenemos en la retina, Groenlandia, nos tiene sorprendidos y entretenidos. Eso que llaman geopolítica se ha alterado de modo abrupto, las viejas fichas del ajedrez mundial colocadas tras la Segunda Guerra Mundial han saltado por los aires, presagiando un año convulso y confirmando, una vez más, que en los años convulsos sólo ganan unos pocos.

Venimos de un mes intenso de luces, encuentros sociales, fiestas y regalos hechos con los mejores deseos. Quienes hayan visto la Cabalgata de Reyes Magos habrán comprobado el cambio radical en el desfile, tanto en el formato como en la estética, con una cuidada renovación del vestuario y complementos, haciendo un desfile ordenado y fluido, aunque algo apresurado para esquivar el anunciado aguacero, que puntualmente cumplió con las previsiones. El Ayuntamiento, a través de la concejalía correspondiente, ha corregido la senda de empobrecimiento de las fiestas navideñas de los últimos años, algo que agradecemos todos.

En medio de esta tormentosa normalidad ha surgido otro palabro que, intuyo, tendrá su recorrido, el sharenting, término que se refiere a la práctica de compartir imágenes de los hijos en redes sociales. El riesgo de deriva por las sendas más oscuras de Internet se ha agravado con la popularización de la Inteligencia Artificial. Colectivos sociales, asociaciones profesionales y autoridades han empezado a tomarse en serio este asunto y todo apunta a que, en corto plazo, se aprobarán normas reguladoras que incluirán sanciones para las infracciones tanto por uso como por abuso. Una iniciativa necesaria para garantizar los derechos de los menores, aunque de compleja aplicación, algo así como intentar recoger agua en una cesta. La tecnología avanza a una velocidad muy superior al ritmo vital de las administraciones, y no parece que eso vaya a cambiar.

En paralelo aumentan las voces expertas que alertan del riesgo asociado al uso intensivo de las redes sociales, capaces, según esos análisis, de modificar en pocas semanas la opinión mayoritaria de la población sobre los asuntos de interés general, incluso de naturaleza política; no olvidemos que el 54,5% de los ciudadanos utiliza las redes sociales para informarse.

¿Ha llegado el momento de volver a pensar? Al menos, es tiempo de prudencia en el uso de la tecnología. n

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