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Félix Lobato

Cuesta de enero

Sobre la imposición social de ser felices en Navidad

Es imposible escribir la colaboración de enero sin referirse a lo que cuesta iniciar el año tras un mes de diciembre lleno de eventos, fiestas y excesos. La vuelta a la normalidad nos coloca en términos de día a día y rutina. Se aborda el trimestre más largo, no porque necesariamente dure más, sino porque resulta corriente, podríamos decir el más grueso del año. El momento después a la Navidad nos devuelve a la normalidad, y eso que ya saben que no es mi periodo favorito del año, pero reconozco que sí que nos trae cierta excepcionalidad y nos descuelga un poco de nuestra vida corriente, su fin nos lleva a retornar a una semana tras otra, sin más.

Este periodo corriente del año puede que nos haga preguntarnos existencialmente por distintas cosas. Entre ellas, lo que es la felicidad (podría haber puesto la palabra en mayúsculas, pero me resisto a ello, más que nada por coherencia con lo que voy a compartirles). Creo que "La Felicidad" es una de las grandes estafas de nuestra cultura cristiana (sí, cristiana, mal que nos pese, o al menos a alguna gente, hundimos las raíces en nuestro origen cristiano). ¿ Por qué digo estafa? Pues porque hay un mantra que se repite de continuo y que nos martillea, que no es otro que la obligación de ser felices y eso produce infelicidad, curiosamente. A fuerza de que se insista tanto en que la felicidad sea el gran objetivo, se generan expectativas que derivan en ansiedades que acaban en frustración. La necesidad de ser felices nos lleva a la infelicidad, por no cumplir el objetivo.

Hoy le ha tocado a la felicidad porque he leído un pensamiento de Albert Camus que me he apuntado y que les comparto: "El error es creer que existen condiciones para la felicidad, cuando lo único importante es la voluntad de ser feliz". Ahí les dejo la reflexión. Dado que el trimestre es largo, tienen tiempo de sobra para darle vueltas al pensamiento de Camus y a sacar conclusiones.

En otro orden de cosas, comparto con Juan, mi compañero de página, su asombro por cosas que pasan en esta ciudad nuestra. No se puede sacar pecho de grandes actuaciones y, sin embargo, protagonizar semejantes chapuzas como las que denuncia Juan. Nuestros mandatarios manejan la cosa pública a golpe de morir de éxito. No se puede descubrir la muralla de Avilés, o hacer una mega marquesina y acondicionar los aledaños de la estación de autobuses y sin embargo mantener en pleno centro de ciudad carencias como las que le he leído a mi compañero. Se trata de una muestra más de la falta de competencia y de la ligereza e irresponsabilidad de quienes se ocupan de nosotros, tanto políticos como técnicos, cada uno en su esfera. Me pregunto qué harían los servicios de inspección urbanística del Ayuntamiento si la valla de cierre de acceso al pasaje entre La Constitución y González Abarca la hubiera puesto un particular, pues eso…

Acabo dándole la bienvenida al 2026, que viene con una agenda repleta y con algunos contenidos preocupantes. Qué incidencia tendrá lo acontecido hace unos días en Venezuela y la repercusión en la realidad mundial. Qué pasará con nuestro país y a dónde nos llevarán las ocurrencias de nuestros mandatarios. Qué pasará con todos los asuntos judiciales y su desenlace. ¿Asturias recuperará algo de aquella economía productiva que tanto nos dio? Ojalá que sí. ¿ Los números macroeconómicos serán agradecidos en la microeconomía?....

Juan, encomiéndanos a la Santina, que este año 2026 sea un poco mejor que el año pasado y que la felicidad lejos de ser una preocupación, sea una forma de vivir. Buena cuesta de enero.

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