Opinión
Desde el cuarto de al lado
Presentación de "Lo que queda a la espalda", el libro sobre Pedro de Silva
Este es para mí un acto singular, pues los historiadores no acostumbramos a compartir mesa con los personajes históricos. Éstos tienen cara de piedra o de bronce, o, para los que nos ocupamos a menudo de las miserias de la Historia Contemporánea, ni siquiera tienen cara, perdida en la masa de la imagen de una huelga o una romería. Unos y otros dan poco juego, tienen poca conversación. Por eso celebro esta ocasión, porque, para la historia reciente de Asturias, Pedro de Silva es, sin duda, un personaje histórico.
El libro que hoy se presenta me confundió antes de abrirlo, por el subtítulo lo digo. El título no azora ni asusta, es literario y a la vez preciso: Lo que queda a la espalda de Pedro de Silva es, dada la capacidad premonitoria que se demuestra en este libro, parte de lo que aún le queda de frente a Asturias. El lío está en el subtítulo: “unas memorias de Pedro de Silva”, dice. Así, usando el artículo indeterminado. Es decir, que estas no son “las” memorias de Pedro de Silva, sino “unas” memorias, lo que deja abierta la posibilidad de que vengan otras. Y teniendo en cuenta que estas ya tienen mil páginas....
Dice luego que son “dialogadas con César Iglesias”. Eso indica que, realmente, este libro tiene dos autores, que se reúnen para escribir un libro sobre uno de ellos. Pero, como se encargan de dejar claro las primeras palabras del libro: no es una biografía ni, por su puesto, una hagiografía, aunque cuente toda la vida y no pocos milagros del protagonista, porque milagrosa ha sido su capacidad para administrar el tiempo de su vida.
Entrevista ciclópea
Por estas y otras cosas, como sucede tantas veces, resulta más sencillo decir lo que no es este libro que lo que realmente es. Para acertar seguro, me he inventado un nuevo género literario-periodístico; la entrevista ciclópea. Suerte periodística muy complicada que exige del perfecto empaste de dos elementos: entrevistado y entrevistador. Ambos tienen que ser de buena ley, y deben bailar al compás, de lo contrario la cosa no funciona. La historia del periodismo está llena de malas entrevistas con buenos entrevistados y de malas entrevistas con buenos entrevistadores. Ya les avanzo que esta es una buena entrevista porque los dos bailarines han bailado pegados. Y eso, como predica Sergio Dalma, es bailar.
Con frecuencia, cuando se presenta un libro, los presentadores tienden a hablar del autor y no del libro. Eso sucede, en la mayoría de los casos, por dos razones. La primera es que el protocolo exige mantenerse prudentemente en el filo de la navaja para no desvelar nada de lo que sólo le corresponde encontrar al lector. La segunda porque no resulta nada raro que los presentadores no se hayan leído el libro que presentan. Cosa que no me ocurrirá a mí esta noche, por otras dos razones: he leído el libro, y además el libro habla del autor, con lo que hablar del autor es hablar del propio libro.
Pero también hay que hablar del otro autor, porque las respuestas de Pedro de Silva son profundas, densas, intensas, a veces apasionadas, siempre precisas. Pero las preguntas de César Iglesias son de idéntica calidad. Los que alguna vez hemos tenido que elaborar un cuestionario en busca de la verdad, sabemos que la verdad se cierra en las respuestas, pero se abre en las preguntas. Hay que saber mucho de lo que se pregunta para lograr respuestas certeras. Les doy mi felicitación en gananciales.
Jovellanos
Nada más apropiado que este foro para presentar a Pedro de Silva que, si uno recorre sus apellidos hasta el último vagón y salta el guion de enganche se encontrará con un “Jovellanos” que es, al fin y al cabo, el mismo apellido que llevan o querrían llevar, todas las sociedades económicas de Amigos del País. Hasta las que, como ésta, nacieron en el siglo XXI. Aunque Pedro de Silva deplore las ventajas de la sangre, ese “Jovellanos” lo une a Gijón, el querido Cantón milenario que ha contribuido a retratar proponiéndolo como una de las capitales mundiales del kistch , y también a Asturias a través del inmortal y dieciochesco Jovino y, con él, a esas ilustradas Sociedades Económicas. Un giro de 360 grados que va desde Jovellanos a Leopoldo Alas, pasando por Juan Cueto (Alas), al que reconoce, como maestro, mentor y trasgu, para atravesar luego todo el mundo intelectual asturiano, al que se le da la vuelta en más de 80 días y menos de mil páginas para volver al inicio, dando por sentado lo que se quiere demostrar. Pide el principio, que diría don Gustavo Bueno.
En este libro se cuenta todo. Por riguroso orden. Desde el colegial de los jesuitas hasta hoy, pasando por el alférez en Monte la Reina, el activista antifranquista, el abogado joven, el intelectual enredoso, el presidente de Asturias y el escritor multiusos, que ganó la “Sonrisa vertical” y tocó con la yema de los dedos el premio Planeta cuando eso era un honor de los grandes. Pero no se asusten por la magnitud del viaje, se cuenta todo y se cuenta bien. El texto permite, además, varias lecturas. Puede leerse como una enciclopedia, donde encontrar datos sobre personas, lugares o situaciones, puede leerse como un reportaje de la historia, puede leerse, obviamente, como una entrevista y, en determinados pasajes, hasta como una novela.
Dos partes principales
Como la vida de Pedro de Silva, el libro tiene dos partes principales. Si a ustedes les interesa sólo la política, tendrán un libro de unas quinientas páginas sobre el asunto, lo que no es poca cosa. Pero si no son devotos de las ideas del protagonista o no quieren saber de su obra política, o abjuran de la política en general, según la moda del momento, pues tendrán otro libro, de otras quinientas páginas más o menos, sobre la obra de un intelectual para quien lo único subversivo es el conocimiento. Poeta, ensayista, periodista, novelista, dramaturgo... Ahora bien, si les interesa todo, lleven salacot y cantimplora para internarse en este tupido matto grosso literario.
Porque la política nunca ha sido lo principal en la vida de Pedro de Silva, sino, como él mismo dice, siempre ha mantenido al margen el cuarto de al lado de su vida intelectual. Aun así, ha desarrollado una carrera corta y densa, de velocista explosivo, tal vez de triple salto. Y, desde luego, comparado con su generación política, de medallero olímpico. Hoy la Transición es un entorno cerrado y valorable, atacado por el populismo. Un libro como éste le presta defensa. También un político como éste. Digno representante de lo mejor de la Transición. Dice el libro que uno de los pocos gobernantes de las últimas décadas, a la estela de los ilustrados y los regeneracionistas españoles, que desembarcan en la labor ejecutiva institucional como consecuencia de un adiestramiento previo intelectual. Es decir, tenían ideas para aplicar y llegaron a la política para aplicarlas. Esa generación que ahora echamos de menos porque era de políticos brillantes, de una talla profesional diversa, muy formados, y muy distintos del político profesional que más abunda hoy en día.
Un político de otro tiempo
Pedro de Silva es, pues, un político de otro tiempo. Llegó a la cima del poder en una Asturias en la que, desde el lugar más alejado al Hospital General de Oviedo, se tardaba tanto como desde Oviedo a Toledo. En ningún caso (salvo una sola vez) ha leído un discurso (político, profesional o intelectual) que no hubiese escrito él mismo. Eso lo distingue del resto de políticos que conocemos hoy, exceptuando, tal vez, a Donald Trump, a quien, por razones bien distintas, creo que jamás le han escrito un discurso. Nadie. Ni él mismo.
Llegó para aplicar su idea de Asturias, basada en un paisaje grande y una formidable historia. Que hacen de ella la nación más antigua y arraigada de España, a la que será leal siempre, si siempre se la respeta lealmente. Ideas que pudieron verse plasmadas en esa vía intermedia de su Estatuto de Autonomía, que abrió en España la senda de la “autonomía plena diferida”.
Se fue de la política activa cuando le tocó elegir entre su independencia (personal, profesional e ideológica) o ser un político profesional. Tuvo clara la opción. Ocho años, las cuasi míticas dos legislaturas. A diferencia de muchos otros, pues aún hay políticos de aquella época que llevan más de cuarenta años aferrados al poder, y ahí siguen, desgastados por los años, pero, sobre todo, desgastando el poder.
Personalidad compleja
Más allá de la política en este libro encontrarán el retrato de una personalidad compleja. Como escritor, poeta, periodista y letrado de verbo galano al que, me consta, sus compañeros prefieren encontrarse delante de un refrigerio, celebrando, que delante de un juez, “palmando”. Un deportista existencial. Un montañero devoto, con convicciones pidalianas y practicante de disciplinas varias: footing, esquí, windsurfing, piragüismo (con Descenso del Sella incluido). Adicto, por tanto, a deportes de aire libre, ligados a mar y montaña, o a uno mixto que es el fútbol playa, que tiene mar y montañas de arena, donde se desenvolvió como futbolista playu, valga la redundancia, destacando como pundonoroso lateral, eso sí, en demarcaciones de la extrema derecha. Porque hay que saber cabalgar las contradicciones, como diría Pablo Iglesias…Turrión.
Pedro de Silva es esto y mucho más. El coautor de este libro hace de él docenas de descripciones y definiciones, correspondientes, todas, a otras tantas facetas de la personalidad (y del personaje) de Pedro de Silva, pero, por encima de todo, creo que los asturianos lo recordarán, porque así ha pasado a la iconografía popular, por la descripción, muy lúcida, que allá por el año 1975 hizo el padre de César Iglesias, de un recién treintañero Pedro de Silva: “un abogado muy espabilado con la barba de Grégory Peck en Moby Dick”.
Señoras y señores, les dejo con el hijo del autor de esta descripción y con la penúltima reencarnación del Capitán Ahab.
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