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Opinión

La cara ‘B’ del tren

Las carencias de la red de cercanías, al descubierto

No la vimos venir, pero ahí estaba. Me refiero a la cara ‘B’ del disco de éxito del tren de alta velocidad. Desde el primer día, la ocupación en los trenes hacia Madrid y regreso ha superado ampliamente nuestras expectativas. Llevábamos tanto tiempo esperando por él que sólo pensamos en subirnos y plantarnos en Madrid en poco más de tres horas. No le dimos importancia a las carencias de la estación de Oviedo, cuyo vestíbulo pasó de ser zona de paso de los usuarios de Cercanías a soportar largas colas en el control de accesos a los trenes de alta velocidad, cuyos viajeros se cuentan por cientos. Tampoco le dimos importancia a lo ajustado de la longitud, ya ampliada, del andén en la estación de Avilés; mucho menos a la necesidad, denunciada hace escasos días, de pasar al segundo andén cuando el primero está ocupado por el Alvia, un andén estrecho, descubierto, en el que coinciden los viajeros que llegan con los que se van, procurando no caerse, algo todavía más difícil si llueve y hay que utilizar paraguas.

Parece mentira que, con los años que se ha tardado en poner en funcionamiento el tren de alta velocidad hacia Madrid, no se haya invertido lo mínimo necesario para adecuar las estaciones a las nuevas necesidades.

Una vez en viaje, el ruido y el movimiento de los nuevos trenes, mucho más incómodos que los viejos Alvia, pasaron también a formar parte de la cara B. Como también pasó a ser habitual el fundido de los plomos, o lo que sea, al cruzar el intercambiador en León, o las paradas en medio del campo para dejar pasar otro tren al no estar desdoblada la vía en algunos tramos.

Todo era tolerable porque, tras dos décadas de espera, podíamos ir y volver a Madrid en el día sin recurrir al avión, más costoso y contaminante.

La fatalidad que hizo que el descarrilamiento de un tren coincidiese con el paso de otro, nos despertó del sueño, con el drama que hemos conocido. Asusta escuchar especulaciones y confusas explicaciones técnicas. Preocupa no escuchar mensajes claros de confianza hacia el futuro.

Las anomalías de estos últimos días en la red de Cercanías avivan ese lado oscuro, poniendo en riesgo el cambio ganado en el uso del transporte público.

Necesitamos recuperar la confianza, seguridad y fiabilidad en un tren sin cara B, y cuanto antes.

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