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Avilés

Gracias, Amaral

El sueño cumplido de un chaval que creció cantando en el patio del colegio de Navelgas algunos de los grandes himnos como "El universo sobre mí"

Dicen que nunca debes conocer a tus ídolos. Que te montas una imagen idílica en tu cabeza y que después, a la hora de la verdad, nadie es tan especial como tú te imaginas. Puedo decir con mucho orgullo que todos los que dicen esa frase se equivocan. La Magdalena vibró este sábado con el concierto de Amaral, una banda que forma parte de la historia de España y de la banda sonora de varias generaciones. Su música embelesa tanto a mayores como a los más pequeños y, como prueba de ello, quien firma estas líneas. Porque, aprovechando la visita de la banda zaragozana, el niño que en 2008 se enamoró de Amaral pudo cumplir su sueño este sábado.

Me acuerdo de aquel momento a la perfección. Estaba la televisión encendida y, de repente, empezaron a sonar las primeras notas de “Resurrección”. Me quedé completamente embobado mirando a la pantalla. Ahí se produjo el flechazo. Tras ese momento lo tenía claro: necesitaba seguir escuchando a Amaral. Entonces no existía ni Spotify ni nada parecido, por lo que, aprovechando una visita al centro comercial ParqueAstur, me atreví a pedir el primer disco de mi vida. Tal fue mi insistencia que mis padres cedieron a mis deseos y, tras rebuscar, conseguí una de mis joyas más preciadas: “La barrera del sonido”.

Tal era mi ilusión que hasta en el patio del colegio me ponía a cantar canciones como “El universo sobre mí”. Eso sí, me tocó librar una pequeña batalla musical. Mi padre siempre apostaba, como hilo conductor de los viajes en el coche, por los discos de un dúo llamado Héctor y Juan. Yo, obviamente, solo quería escuchar a Amaral. Alguna vez me colé en el coche solo para cambiar el cd y poner mi disco, para así salirme con la mía.

Ese disco, el primer disco de mi vida, ha sido mi banda sonora durante muchos años. He pasado de jugar con mi hermano a adivinar sus canciones escuchando los primeros segundos de cada canción al ponerlo, ahora por Spotify, en esos viajes un poco más largos, de los que necesitan banda sonora propia. Por eso, cuando se acercó el concierto de Avilés, supe que era el momento de desempolvarlo. Le pedí a mi madre que rebuscase en casa, que ese disco tenía que volver a ver la luz. Y, como buena madre, supo encontrarlo en un periquete. Con él en la mano me presenté en La Magdalena con un objetivo claro: conseguir la firma de Eva y Juan.

El dúo Amaral con el periodista Noé Menéndez.

El dúo Amaral con el periodista Noé Menéndez. / Lne

Unos días antes había entrevistado a Juan Aguirre y no pude evitar confesarle la devoción que tengo hacía sus canciones. Fue inevitable. También hablamos de la responsabilidad que tienen figuras como la suya, que han creado himnos que todo el mundo reconoce. Viendo su directo me quedó claro el porqué de la leyenda de este grupo.

En lo técnico del concierto no voy a entrar mucho. Primero, por desconocimiento. Y segundo, porque me es imposible ser objetivo cuando habló de Amaral. Solo puedo decir que tanto Eva como Juan tienen el mejor directo que he visto en mi vida. Su actuación fue sencillamente impecable.

Pero, tras el concierto, quedaba un último momento, la traca final. Tenía un cinco por ciento de batería cuando me llegó un mensaje: “Vas a poder conocerlos”. De repente, me entró un cosquilleo. El sueño de ese niño que cantaba Amaral en el patio del colegio estaba a punto de cumplirse. El pabellón se iba vaciando, mi batería iba bajando poquito a poco… Y llego lo que tanto llevaba esperando.

Uno, como periodista, muchas veces, cuando entrevista a alguien, piensa que puede llegar a ser una conversación sin más. Que, en cuanto el entrevistado cuelgue el teléfono, se olvida de lo hablado. Juan Aguirre me demostró que no. No solo se acordaba de mi historia, sino que también se la había contado a Eva. Cansados por el recital que acaban de dar, ambos fueron encantadores en el encuentro con este fan suyo. Además, recordaron un concierto que tienen bien guardado en su memoria: el último que dieron antes del confinamiento, que fue en el Suárez Puerta. Y, sí merece mucho la pena conocer a tus ídolos. Aquel niño que cantaba “El universo sobre ti” en un patio de colegio en Navelgas y que, escuchó una y otra vez, sin cansarse, su primer disco, pudo cumplir su sueño y verlos en persona. Gracias, Amaral.

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