Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

carmen nuevo fernández

Xose

En la despedida a un amigo de actitud generosa que disfrutaba de la vida

Xose

Xose

Te fuiste, Xose, sin despedidas, a principios del mes de febrero, ese mes en el que se suele celebrar la amistad, y creo que las calles por las que deambulabas en Piedras Blancas ya no serán nunca más las mismas.

Solías salir de casa por las mañanas, desde hace algún tiempo con un bastón, y te parabas de vez en cuando a hablar con la gente, con tu semblante siempre sonriente y tus gafas redondas que recordaban ligeramente a las de John Lenon. Nunca estabas de malhumor, a pesar de que la vida no te trataba demasiado bien, pero tampoco culpabas a nadie. Disfrutabas de la vida a tu modo y contigo se podía hablar de cualquier cosa, pues tu sencillez no era simpleza, sino sagacidad, esa sabiduría que caracteriza a las personas cuyo aprendizaje se debe mucho a sus propias experiencias.

Recuerdo que algunas veces me elogiabas por mis artículos y te puedo asegurar, Xose, que eso me halagaba más que cualquier crítica positiva que pudiera hacerme cualquier erudito o académico, pues llegar a las personas, a través de las palabras, no siempre es fácil.

Me felicitabas siempre el día de mi santo, nunca se te olvidaba. Lo asociabas más a la ceremonia pagana, al espectáculo pirotécnico de la Descarga en Cangas de Narcea, que al rito religioso; pero siempre te acordabas, Xose, y desde ahora lo echaré de menos.

Alguna vez comimos también el roscón de Reyes en tu casa y como tú decías: "en el 3º derecha, con perdón". Tu casa estaba siempre muy pulcra y te calentabas con una estufa de gas. Eras acogedor y cariñoso, tolerante y buen vecino.

Pensado en ti, Xose, me reafirmo en que los pueblos adquieren su personalidad, no de los héroes, no de las grandes hazañas, sino de los seres como tú que pasean por las aceras, observan, circunscriben sus vidas a diminutos territorios con gestos de solidaridad y bondad: como cuando hasta hace muy poco te sentabas en la mesa de una sidrería reservando con tu presencia la mesa, para cuando llegaban algunas personas trabajadoras del Ayuntamiento a tomarse su café y su pincho en su breve descanso de la faena.

Tu actitud siempre, generosa y, para ello, no hace falta tener casi nada: solo ser detallista, como tú eras y pensar en los demás.

Me pregunto si te hubiera gustado este artículo, Xose, y aquí lo dejo, porque si te soy sincera, me están entrando ganas de llorar.

Hasta siempre, Xose.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents