Opinión
Curling
Lo sencillo frente a la crispación y trincheras artificiales
No hace mucho tiempo, en el café de la mañana, hacíamos chascarrillos con las imágenes de una competición que no entendíamos. Un deportista lanzaba una especie de fiambrera que se deslizaba sobre hielo mientras otros frotaban desaforadamente el suelo helado con unos cepillos. Buscando información apareció una palabra nueva: curling, un deporte de invierno que se disputa sobre una pista de hielo alargada rematada por una diana con círculos concéntricos.
Aquella anécdota, coincidiendo con los Juegos Olímpicos de Invierno que hoy finalizan, ha terminado instalándose en nuestras conversaciones, pese a que entendemos poco o nada de ese deporte. Tal vez sea el hipnótico deslizamiento de la piedra sobre el hielo, así llaman a la fiambrera de 20 kilos hecha de granito pulido, o la emoción contenida esperando que se quede en el centro de la diana y desplace a las del equipo rival. O tal vez sea el intenso frotar hasta calentar el hielo con los cepillos para orientar la dirección de la piedra en busca de la diana.
Me ha llamado poderosamente la atención, además de su cierto parecido con la petanca en sus fundamentos, aunque ésta es más antigua, la serenidad ambiental en que se juega, así como la cortesía y respeto entre los competidores. Bien lejos de las expresiones airadas, insultos y griterío que suele acompañar a otros deportes envueltos en millones de euros.
¿Por qué les traigo el curling a la tribuna de hoy? Porque a pesar de la sociedad convulsa y crispada en la que vivimos, de manera inesperada nos hemos quedado pegados a las pantallas viendo una competición en la que no hay golpes, ni protestas, ni aspavientos. No exento de habilidades técnicas y estratégicas, el curling ha ocupado las tertulias sin crispación ni rivalidades encendidas. También en eso se acerca a los viejos juegos de barrio, como la petanca o los bolos, mitad ocio y mitad vida social, tan comunes hace décadas, que reunían a amigos y vecinos alrededor de una pista menos sofisticada que la del curling, muchas veces un sencillo patio de arena.
Pese a la crispación y las trincheras artificiales, tal vez el lado correcto de la historia siga estando en las cosas sencillas, como una partida de bolos o de petanca, o incluso una partida de dominó en la sobremesa, en las que lo importante es compartir el tiempo con otras personas.
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