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Opinión

Marisol Delgado

Psicóloga

marisol delgado artime

Y tú, ¿cómo ligas?

Códigos generacionales para intentar entablar relaciones amorosas

Seguro que el añorado Félix Rodríguez de la Fuente no se encontró nunca en el Barranco del Río Dulce un espécimen como el "buitre" de discoteca de los 80. Le hubiera dado para unos cuantos programas. Esa pose hierática, apoyado en el borde de las pistas con el vaso de tubo en la mano. Esa mirada persistente y oteadora, entrenada en incontables tardes de los fines de semana. Ese sobrevolar alrededor de una "presa": "Perdona, me suenas de algo, ¿vienes mucho por aquí?".

Daban un poco de grima, pero alguna vez les tenía que funcionar, si no, resulta inexplicable su insistencia.

Ahora, cuando las chicas y los chicos jóvenes me hablan de "crush", de "ghosting", de "stalkear", de "shippear", de "love bombing" o de "pedir el insta", sé que me están hablando de algo relacionado con ligoteo e intento (con mucho esfuerzo, no crean) ir descifrando lo que puedo.

Es natural. Cada generación tiene sus códigos.

Lo que resulta obvio es que hay mil maneras de ligar. La edad, los aprendizajes, los roles de género (sí, algunos todavía persisten), las expectativas, los miedos, la autoestima, el contexto, el dominio de las redes sociales... Hay innumerables aspectos que van a influir a la hora de intentar entablar relaciones amorosas.

Así que, siento desilusionarles en este mes de pleno apogeo de corazones y flechas del amor, pero no, no hay recetas mágicas que sirvan para todo el mundo por igual. Las conexiones y atracciones que pueden surgir entre las personas son imprevisibles.

Con las mismas estrategias con las que una persona triunfa, otra "no se come un colín". Y lo que en una época quizá funcionaba, ahora puede provocar un rechazo inmediato.

Lo que sí se pueden tener en cuenta son algunas ideas muy, pero que muy generales, tanto de lo que se puede intentar como de lo que nunca convendría utilizar.

Por ejemplo, no habría que acosar, ni amenazar, ni coaccionar, ni chantajear, ni manipular, ni humillar, ni violentar... Eso no es ligar. Ni antes ni ahora. Tremendo que, a estas alturas, haya que seguir explicando la diferencia.

De verdad, no resulta tan difícil. Ligar con naturalidad, honestidad, empatía y escucha activa; con una sonrisa, cuidando el contacto visual y observando las señales verbales y no verbales; manejando el (muy humano) miedo al rechazo, eligiendo el momento, buscando algunas afinidades o sacando ese sentido del humor que tanto bien hace. Ninguno de estos aspectos garantizan el éxito, por supuesto, pero mejor intentarlo. Si sale bien, habrá merecido la pena el esfuerzo.

En fin…, a mí es que, si se me da la ocasión de echar un baile con Harrison Ford en un granero al ritmo del "Wonderful World" de Sam Cooke, no respondo de mis actos.

Eso sí, siempre desde el respeto propio y ajeno.

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