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Una gran sombra negra

Las pérdidas humanas y la devastación que acompañan a una guerra

Corría el año 2003, por razones de trabajo viajaba con frecuencia entre Granada y Sevilla en mi propio vehículo. La autovía transcurría muy cerca de la Base de Morón de la Frontera. La primera vez que lo vi me causó gran impacto.

Aquella mañana una gran sombra se acercó por el horizonte. Según me aproximaba pude verlo mejor: un enorme avión oscuro, casi negro. Era uno de los B-52 que operaban en la guerra de Irak. Durante semanas aquella imagen fue habitual en la zona. En ocasiones, cuando transitaba por la zona más cercana a la base militar, coincidía con el aterrizaje o el despegue de uno de esos aviones; una imagen y un estruendo difíciles de olvidar. Resultaba imposible no pensar que aquellas fortalezas llevaban muerte y destrucción a su destino.

Es legítimo pensar de una forma u otra sobre las agresiones de unos países sobre otros, al fin y al cabo, la humanidad lleva siglos progresando a base de destrucción y muerte. Cada guerra supone pérdidas humanas y devastación. Vinculada a ellas siempre se desarrolla una intensa actividad industrial que, más tarde, da paso a las tareas destinadas a reconstruir lo destruido previamente.

A los ciudadanos de cualquier lugar alejado del conflicto nos queda manifestar nuestro desacuerdo o asumir en silencio la situación. No recuerdo ninguna manifestación alentando una guerra.

Tampoco recuerdo ninguna en la que los habitantes de las zonas en conflicto hayan obtenido algo que haya compensado el sufrimiento y los costes de la guerra. Está en la condición humana, especialmente en la de algunos, el buscar conflictos con los que fortalecer su posición de poder.

Aquella sombra negra sobre la base militar vuelve ahora a mi memoria. Estamos nuevamente ante dos de los cuatro jinetes del Apocalipsis, el rojo, el de la guerra, y el negro, el de la destrucción tras la guerra, porque eso será lo que quede cuando cesen las «operaciones». La sombra negra de los aviones será sustituida por la sombra de la devastación y el sufrimiento. Es difícil definir una guerra como justa, por mucho que se retuerza el lenguaje.

Termino hoy con el recuerdo a esa mitad de la población, las mujeres, que en muchos países viven bajo otra sombra, la de la anulación, y en otros, aunque formalmente no lo parezca, viven en clara desigualdad con relación a la otra mitad. n

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