Opinión
"Fuenteovejuna", la punki
La Compañía Nacional de Teatro Clásico remonta en el Palacio Valdés el título señero de Lope de Vega para reivindicar la justicia contra la venganza
Explicó José Antonio Maravall –el señor que más ha sabido nunca sobre teatro barroco– que, en realidad, "Fuenteovejuna" no es una obra revolucionaria. Hay sí, lo reconoce, un "tirano" desalmado, una mujer violada y un pueblo que se rebela. Y por todo, al final, hay un asesinato.

"Fuenteovejuna", la punki
"¿Quién mató al Comendador?", preguntan los inquisidores. "Fuenteovejuna lo hizo", responde cada uno de los ciudadanos que pasan por las manos torturadoras. O sea, que sí, que hay una decisión violenta para solucionar un problema violento, pero no hay revolución: los Reyes Católicos llegan y asumen como propia la decisión fiscalizadora de su pueblo. Maravall dice que la monarquía marca los límites.
La directora Rakel Camacho –de la mano de María Folguera, su dramaturgista–, sin embargo, no es de esa opinión. Viene a decir: el pueblo decide, el poder entonces asume la decisión del pueblo y la hace suya para no desmoronarse del caballo. O sea, "Fuenteovejuna" es una tragedia con venganza que, en realidad, es justicia.
El viernes –yo vi la función el viernes– la Compañía Nacional de Teatro Clásico –las compañías oficiales no tienen costumbre de salir de sus propios teatros madrileños, pero es normal, es dificilísimo mover a veinte tíos cada fin de semana: difícil y caro– presentó en Avilés una "Fuenteovejuna" punki y hasta satánica. El sacrificio del Comendador en una Cruz de Calatrava es, desde luego, voraz. El monólogo de Laurencia (Cristina Martín-Miró)–uno de los más importantes de la literatura universal: "Llevóme de vuestros ojos / a su casa Fernán Gómez; / la oveja al lobo dejáis / como cobardes pastores. / ¿Qué dagas no vi en mi pecho?" – no le anda a la zaga. La sangrienta "Fuenteovejuna" que inició antes de anoche su gira nacional deja temblando los cuerpos de los espectadores asombrados, ya a la entrada, ante una escenografía en equilibrio de Mónica Borromello y una iluminación tenebrosa de Pilar Valdevira. Porque en la "Fuenteovejuna" de María Folguera todo es tenebroso y, cuando no lo es, sólo es punki: Rosa M. García Andújar es la responsable de ese vestuario postapocalíptico (del "Mad Max" de los ochenta) tan apropiado para el mundo en destrucción que Folguera y Camacho sacan de Lope de Vega, que le dio la palabra al pueblo para que el pueblo encerrara el mundo y lo hiciera propio. n
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