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La memoria de lo cotidiano en la colección de Pérez Simón

La muestra que reúne veintiún obras de arte hasta el 7 de septiembre en la Casa de Cultura de Avilés atiende a la relevancia de lo tradicional en los albores de la modernidad

Mientras Europa avanzaba hacia la modernidad industrial y artística, muchos pintores se volcaron en retratar su entorno más inmediato: aldeanos, marineros, campesinas, escenas de mercado y domésticas, romerías, etc. Estos motivos cotidianos, tratados con una mirada sensible y realista, buscaban preservar una cultura en peligro de desaparecer bajo los efectos del progreso. De este modo, las tradiciones, costumbres y tipos sociales de las distintas regiones de España fueron géneros que actuaron como una corriente artística, especialmente a comienzos del pasado siglo, con la intención de convertirse en un vehículo de identidad cultural y cohesión social frente a los cambios que la industrialización y las profundas transformaciones sociales y económicas estaban trayendo consigo.

La memoria de lo cotidiano en la colección de Pérez Simón

La memoria de lo cotidiano en la colección de Pérez Simón

Así, la exposición titulada "La memoria de lo cotidiano" se articula en torno a 21 obras de la colección Pérez Simón que buscan recorrer la diversidad de enfoques del costumbrismo español y hacer que dialogue con la singularidad del costumbrismo asturiano de la primera mitad del siglo XX. Desde las pinturas de Valentín y Ramón de Zubiaurre con figuras populares que adquieren una monumentalidad casi escultórica, hasta las composiciones de Eugenio Lucas Velázquez o Francisco Pradilla, la muestra pretende revelar cómo el costumbrismo, lejos de ser un género menor, fue un laboratorio de miradas sobre la vida real, una manera de entender el arte como memoria social y afectiva.

La memoria de lo cotidiano en la colección de Pérez Simón

La memoria de lo cotidiano en la colección de Pérez Simón

Por su parte, el paisaje rural también se convirtió en un escenario simbólico. No solo mostraba la belleza natural del territorio, sino el modo de vida de quienes lo habitaban, dando lugar a una paleta característica, melancólica y sincera. Artistas como Valle o Nicanor Piñole aportaron distintas interpretaciones del tema; el primero, con su ironía y aguda observación, retrató los tipos populares con una profundidad psicológica inédita. Piñole, por su parte, supo captar la intimidad doméstica y el alma melancólica de Gijón y sus gentes. De Valle destacan en la muestra obras como "Los guirrios" o "La despiojadora". En la primera, de temática centrada en la carnavalada y fechada aproximadamente en 1918, el artista recoge a un grupo de personajes vestidos con atuendos tradicionales del carnaval asturiano en posturas dinámicas y listos para participar de las mascaradas o desfiles propios de la festividad. Por su parte, en "La despiojadora", enmarcada en un ambiente rural, enfatiza la humanidad del personaje que se dedica a revisar los cabellos de otros para retirarles los parásitos y que no deja de ser un ejemplo de intimidad popular en que la aldea actúa como testigo lírico y ceremonial.

La memoria de lo cotidiano en la colección de Pérez Simón

La memoria de lo cotidiano en la colección de Pérez Simón

De Piñole son característicos sus entornos de pastores y marineros, así como su magnífica obra "Niño con xatín", de 1945, profundamente representativa de la vida popular asturiana. En ella se muestra cierta intimidad al conectar la adolescencia, el trabajo en el campo y el mundo animal. El personaje principal, un joven serio y concentrado, asume, casi pensativo, la responsabilidad precoz que supone el encargarse del desempeño de las labores agrícolas. De este modo, Piñole convierte una escena cotidiana en una imagen cargada de ternura, donde la adolescencia supone identidad y pertenencia a una cultura rural vinculada al trabajo y al aprendizaje.

Por su parte, Mariano Moré presenta a sus "Pescadores asturianos en el puerto" como hombres de trabajo captados en un momento de pausa. El color y la firme pincelada refuerzan la sensación de realidad, así como el testimonio visual de la Asturias marinera, reflejo de una identidad basada en el esfuerzo, el trabajo constante y en continua vinculación con la mar.

En lo referente a la obra escultórica representada en la muestra, destacan los trabajos del artista de origen napolitano Vincenzo Gemito con su obra en bronce titulada "Niño mordido por un cangrejo" o "La vaca y la lechera", del francés Isidore Jules Bonheur. De los autores asturianos, cobran especial relevancia las obras de Sebastián Miranda, Rafael Rodríguez Urrusti o César Castaño. El primero de ellos emplea un lenguaje figurativo de gran solidez formal con obras que destacan por su estudio anatómico, como en su "Mujer peinándose", realizada en bronce. Miranda muestra interés en captar actitudes naturales, empleando materiales tradicionales para reforzar la sensación de dignidad y permanencia de los personajes representados.

Por su parte, Rodríguez Urrusti destaca en la representación de personajes que suelen mostrar oficios, siempre centrándose en un tratamiento realista de las formas que subraya el carácter humano de los protagonistas. César Castaño, herrero de larga tradición familiar, pues su padre y su abuelo también lo fueron, rescata en sus obras el regreso a los orígenes y a la tradición primigenia del trabajo en la fragua, convirtiéndolo en una expresión artística honesta, de profunda y hermosa sencillez. En ocasiones sus esculturas se sostienen sobre maderas que encuentra por azar y que están sometidas a los cambios y al discurrir de la naturaleza, combinándolas con el hierro forjado, como en la obra "Sobrecarga" que se muestra en la exposición, siempre centrado en temas vinculados a la tierra asturiana. Castaño trabaja el metal con enorme convicción hasta doblegarlo, creando figuras ligeras y delicadas, de enorme ternura.

En definitiva, el costumbrismo no fue, por tanto, una mera nostalgia del pasado, sino una forma de resistencia cultural y de autodefinición regional. En sus escenas se mezclan la dureza, la memoria y el cambio y, a través de ellas, los pintores construyeron una imagen compleja de su tierra entre la tradición campesina y los albores de la modernidad industrial.

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