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José Juan hernández déniz

Avilés es una villa que vive como nadie la Semana Santa

Tanto en la Semana Santa como en El Bollo siempre hay una implicación total

La obra de la capilla del Rosario y del cabildo de templo me han acompañado desde que me hice cargo de esta parroquia de San Nicolás de Bari. Hemos soportado que el agua entrase a raudales en noviembre en toda la iglesia, hemos sufrido que trozos de escayola se desprendiesen del falso techo de la capilla y lo que es peor, hemos padecido y lamentado que muchas personas no pudiesen acceder al templo ante tanta escalera insalvable y tanta rampa inviable.

Digo todo esto, porque ciertamente esta obra ha sido una metáfora de esa transformación que se le pide al cristiano al comienzo de la Cuaresma con el signo de la ceniza, "conviértete y cree en el evangelio". Morir al hombre viejo y todo lo que eso supone para resucitar como nuevos con Cristo en la Pascua. Pasar del ayuno y vigilias al Bollo y la Comida en la Calle. Y es que en Avilés nada se vive a medias, siempre hay una implicación total, parece sencillo y, sin embargo, hay todo un proceso que no solo es externo y que implica a toda la persona. Morir para resucitar. La Cruz camino de la Pascua.

Avilés es una villa que vive como nadie la Semana Santa, hay como una simbiosis en el vivir cotidiano cuando Dios anda por estas calles. La música y, sobre todo, el sonido de los tambores hace que todos sean convocados a desperezarse y salir a las calles con el ánimo decidido a participar. Para el creyente cristiano, las procesiones de la piedad popular no son espectáculos son actos y expresiones de la fe que tocan el sentimiento y hacen el ánimo vibrar.

Así el Señor de Avilés, nuestro Jesusín de Galiana nos muestra el arrojo y la audacia de levantarse tras cada caída. Avilés reconoce en él la fuerza que sostiene, la serenidad que consuela y la justicia que nace del amor. Su presencia siempre humilde y a la par majestuosa sigue marcando el corazón de cada devoto que se acerca a contemplarlo.

Y qué decir de Nuestra Señora de los Dolores, ese rostro que nos habla de tanta entrega y fidelidad constante, experta en el dolor y el sufrimiento. Ella nos entiende y acompaña, su mirada consuela y llena de esperanza.

San Juan es el apóstol del amor y la disponibilidad de la juventud. Cuando oye a Magdalena que se han llevado al Señor sale corriendo, corre tanto que llega antes que nadie pero respeta la primacía y aguarda al mayor. San Juan y los sanjuaninos se pasan la semana corriendo. Corren para decir a la madre que su hijo ya viene ahí, en el encuentro. Corren y bailan sin parar, hay sanjuaninos muy pequeños que con solo mirarlos hacen el mundo soñar. Siempre brindando lo mejor de sí.

Y San Pedro y sus lagrimas de arrepentimiento, ¿quién no se identifica con Él? Cuántas veces somos como Él, echados para adelante, brabucones y luego nos quedamos a medias y tenemos que bajar la testuz y decir "perdóname, Señor" para acoger la misericordia y el abrazo del amigo leal. La figura del Cristo atado a la columna y flagelado nos recuerda que el Señor no nos amó de bromas, le hemos costado muy caro.

La Hermandad del Santo Entierro está muy vinculada al desenclavo, es impresionante este auto de fe que de manera piadosa y sencilla baja a Cristo de la cruz para ser procesionado luego en la urna . Tuve el honor este año de presidir la solemne función en su honor hace pocos domingos, aún tengo grabada en el alma la imagen de Cristo yacente entregado por nuestro amor, más abajo y más afuera no se puede ir. Sus heridas nos han curado. Los huecos vacíos de los clavos en las manos y los pies, el pecho perforado por la lanza del centurión son realmente caminos abiertos por los que se derrama su gracia.

Y la hermandad del Beso de Judas, una hermandad joven y vibrante donde tantos confirmandos se enganchan a la fe. No destacamos en ella la traición, la negación, destacamos los "cables" que hasta el último momento brinda Jesús al apóstol que invitó a su seguimiento, al que sentó a la mesa y hasta compartió el bocado de pan en salsa de la última cena. Se ensalza la amistad, la vida. Nada hay imposible para Dios.

Te invito sinceramente a acercarte y abrirte a todo lo que esta Semana Santa se ofrece delante de ti. Mira todo lo que el redentor hizo por ti. ¿Qué debo hacer yo por Él? Buena y feliz Semana Santa para todos.

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