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Espiritualidad y experiencia cultural: la Semana Santa de Avilés quiere crecer

El patrimonio edificado y vivo en los valores de las hermandades locales no merece ver aplazado el reconocimiento como Fiesta de Interés Turístico Nacional

Las procesiones de la Semana Santa son ejemplo de una de las prácticas culturales de más arraigo en la península. No en vano, las cofradías de la Semana Santa de Avilés vivieron su auge en los siglos XVII y XVIII. Según la información recogida por la junta de hermandades, existe constancia de que en el año 1718 había nueve cofradías, seis de ellas radicadas en el convento de San Francisco, siendo la más antigua la de las Ánimas, de 1670. Aunque ya se celebraban mucho antes, existe constancia de la procesión de San Pedro y de la Soledad, en 1892, siendo también anterior a dicho año la ceremonia del Desenclavo en la campa de la iglesia de San Nicolás.

Hasta la actualidad han pervivido la del Santo Cristo de Rivero y la de Galiana. A ellas se añadieron otras en el siglo XVIII: la de los Dolores, de 1753, y en el barrio de Sabugo, la de la Virgen de las Mareas, que impulsaba el gremio de pescadores. Después llegarían las de Jesusín de Galiana, la de San Juan, la del Santo Entierro y la Soledad. La última en crearse en los años 50 fue la del Santísimo Cristo de Rivero y San Pedro Apóstol, fundada en 1955. Las más recientes son, no obstante, la de Nuestro Padre Jesús de la Esperanza, que data de finales de los 90 y la Hermandad del Beso de Judas, con sede en San Nicolás desde su fundación en 2008.

Semejante arraigo y acervo cultural es digno de reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Nacional. El Ayuntamiento ha aconsejado a la junta de hermandades dejar para el año que viene la consecución de ese objetivo. Se echa en falta, no obstante, desde la parte pública un mayor empuje hacia estas manifestaciones, en las que se amalgaman prácticas artísticas, religiosidad, y espíritu festivo con un fuerte valor de identidad local y que, en paralelo, generan numerosas transacciones económicas en la parte turística y de proyección de la ciudad hacia el exterior.

Esa confluencia de bienes culturales materiales, a veces de gran valor, como puede ser el caso de la imaginería religiosa, junto con una tradición cultural y religiosa de siglos, bien merece la búsqueda de un reconocimiento al más alto nivel como cuando Asturias logró el sello para la cultura sidrera de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

En la actualidad, son ocho las cofradías penitenciales que desarrollan su actividad principal en la villa. Desde que el 24 de marzo de 1948, fecha en la que la Cofradía de San Juan salió a la calle por primera vez, hasta la actualidad, a diferencia de otras poblaciones asturianas, la Semana Santa local ha sido fiel a la cita de las procesiones, sin interrupción. Dos millares de cofrades son los que desfilan o acompañan a las imágenes que les representan por el conjunto declarado histórico-artístico, que no es otro que el casco antiguo de Avilés. Ese acervo local es el que recibe el aplauso unánime de quienes lo viven por vez primera y que bien merece el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Nacional. Para su concesión se tiene en cuenta tanto su antigüedad, como su continuidad en el tiempo, arraigo y participación ciudadana, así como la originalidad y diversidad de los actos y las acciones promocionales realizadas al efecto. Cumplidos la mayoría de los requisitos, falta para completar el objetivo abundar en el capítulo de acciones promocionales.

El Consistorio aconseja a la junta de hermandades esperar otros 365 días para garantizar la consecución del sello. No debería olvidarse que no se trata de una carrera por elevar la lista de reconocimientos que atesora la ciudad sino de poner en valor –y en el lugar que merece– formas de vida y expresión auténticas. Más allá de las convicciones religiosas de cada cual es una cuestión de dar el peso necesario a las costumbres y tradiciones culturales mantenidas por un grupo humano convencido de que la fe también forma parte intrínseca del viaje a cualquier lugar. Es la fe por aprender, descubrir, experimentar. Y ahí también juega un papel destacado la Semana Santa. Descubrir Avilés es descubrir su Semana Santa, por eso no se debe desligar ni apartar nunca del resto de acciones orientadas a proyectar de forma más amplia los valores y la identidad local.

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